Una leyenda que perdura en Ejulve, un pequeño pueblo en la provincia de Teruel, habla de Valdepinar, un lugar que, irónicamente, se encuentra despojado de pinos. Este árbol solía habitar exuberantes bosques que rodeaban el pueblo, los cuales eran un refugio para lobos que, eventualmente, llevaron a sus habitantes a tomar la drástica decisión de quemar el bosque.
El recuerdo del verano de 1994 es vívido para muchos que vivieron en esta región. Ese año, un imponente incendio arrasó 30,000 hectáreas durante el gran incendio del Maestrazgo. La catástrofe coincidió con el Mundial de Fútbol de Estados Unidos y un Tour de Francia donde Miguel Induráin brillaba. Las noches transcurrían con la ropa tendida en los patios cubierta de cenizas, visualizando la desolación a la que se enfrentaba el entorno.
Un año después, la familia de uno de los pobladores se trasladó a La Iglesuela del Cid. Durante sus recorridos, el paisaje estaba marcado por la devastación del fuego, y la imagen de un familiar observando un bosque recuperado resaltó una inquietud: “Ya veréis el día que caiga una chispa”. Esta advertencia resonó en la comunidad, aunque el verdadero impacto llegó en julio de 2009, cuando otro incendio amenazó con arrasar el pueblo, obligando a la evacuación de varias localidades vecinas.
Actualmente, un nuevo incendio ha consumido 2,900 hectáreas, imponiendo desalojos y generando una sensación de urgencia. Este fenómeno no es una anomalia, ya que otros fuegos en el país están causando estragos; los incendios en Ávila y Madrid han afectado a cerca de 80,000 personas. La pérdida de vidas, propiedades, recursos valiosos y un patrimonio natural e histórico es alarmante, provocando un sentimiento de pánico y angustia en comunidades que enfrentan esta tragedia recurrente.
Esta trayectoria de leyenda a incendio evoca reflexiones sobre el libro Pyrocene de Stephen J. Pyne, que se publicará en octubre y examina la historia de la humanidad y su relación con el fuego. El autor observa cómo, a pesar de haber domesticado el fuego, hemos llegado a un punto en que este ha vuelto a convertirse en una fuerza indómita, particularmente en regiones como California y Australia.
La reiterada tragedia de los incendios en España plantea una angustiosa pregunta, como el periodista Antonio Villarreal ha señalado: “¿Por qué cada verano vemos arder España mientras la conversación permanece cíclica e infructuosa?”. En un ciclo que parece formatear nuestra memoria, se discuten la gestión forestal, el cambio climático, la despoblación, y las decisiones políticas, mientras el fuego sigue consumiendo una parte de nuestro legado. Esta situación nos lleva a reflexionar sobre la fragilidad de nuestra relación con el medio ambiente y la urgencia de establecer estrategias efectivas para enfrentar un futuro que promete, al menos por ahora, más desafíos en este ámbito.
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