Esta noche, en un estadio de un barrio obrero del sur de Madrid, el Rayo Vallecano se prepara para hacer historia al disputar su primera semifinal europea en un siglo. Este momento es notable, especialmente considerando que su única experiencia cercana a esta hazaña ocurrió en la Copa de la UEFA 2000/01, un torneo que, hoy en día, se considera parte de la Europa League. En aquella edición, Rayo alcanzó los cuartos de final, donde fue eliminado por el Alavés, un equipo que continuaría su trayectoria hasta la final.
Recuerdos de aquel torneo persisten, tal como lo recuerda Julen Lopetegui, quien defendía la portería del Rayo en esos partidos. “Aquel año hicimos un gran trabajo. Era un equipo sin experiencia internacional, y comenzamos en Andorra como si fuera una excursión de verano”, reflexiona. A medida que el equipo avanzaba, su autoconfianza crecía, compitiendo contra rivales de renombre como el Molde noruego, el Viborg danés y el propio Burdeos. No obstante, la aventura finalizó en cuartos, donde el Alavés se impuso y luego alcanzó la final, un encuentro que se recuerda en el ámbito del fútbol europeo por su emoción.
En la actualidad, Lopetegui, ahora director de la selección de Catar, se alegra del éxito del Rayo Vallecano. “El mérito del Rayo en los últimos años ha sido notable”, comenta, subrayando cómo han mantenido una estructura deportiva sólida y consistente, adaptándose a las exigencias de diferentes entrenadores. Esta continuidad ha optimizado el rendimiento de una plantilla que combina experiencia y juventud.
Los aficionados del Rayo son el alma del club, y su lealtad es inquebrantable. Así lo expresa Lopetegui, quien recuerda la fidelidad de esos seguidores que han estado presentes en las buenas y en las malas. “Ser fan del Rayo es una costumbre de barrio; son quienes llevan sus bocadillos a los partidos y comparten su pasión constante”. Esta conexión profundamente arraigada con el equipo genera un ambiente único en Vallecas.
A medida que se acerca la semifinal, Lopetegui es cauteloso en su análisis. “Los pequeños detalles decidirán el futuro del partido”, sostiene, refiriéndose a la importancia de los últimos resultados del equipo, que sin duda les dará la tranquilidad necesaria para afrontar este desafío.
El camino hacia la final está más cerca que nunca para el Rayo Vallecano, que, tras un siglo de historia, busca dejar una huella imborrable no solo en su trayectoria, sino en la memoria de sus fieles aficionados. El eco de la nostalgia de 2001 se siente palpable, pero ahora, en 2026, hay una nueva oportunidad al final del camino.
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