El 12 de septiembre de 2025, bajo un cielo despejado en Bruselas, Armand “Mondo” Duplantis desafió las fronteras de lo posible al saltar 6,25 metros en salto con pértiga, estableciendo un nuevo récord mundial. Este prodigio, que puede parecer un acto mágico, se fundamenta en principios científicos, en particular en la física.
El salto con pértiga trasciende ser una simple disciplina atlética; se manifiesta como un fenómeno mecánico donde la energía cinética generada por la carrera del atleta se transforma, fase tras fase, en energía elástica y finalmente en energía gravitacional. En este proceso dinámico, Duplantis se encuentra equilibrando técnica y ciencia, músculos y matemáticas.
Corría a una velocidad de 9,9 m/s, lo que, en teoría, debería permitirle alcanzar una altura máxima cercana a los 5 metros. Sin embargo, el verdadero ingenio de Duplantis radica en su capacidad para mover su cuerpo en el aire. Al arquear la espalda durante el vuelo, desplaza su centro de masa hacia abajo, aumentando la altura alcanzada sin necesidad de elevarse físicamente más.
La ciencia respalda esta técnica, utilizando un modelo de semicírculo ideal, lo que permite que su centro de masa se sitúe 20 centímetros por debajo de la cumbre de su arco corporal. Así, puede superar los 6 metros sin que su centro de masa lo haga.
El impulso final del salto es crucial. En el instante que va a aterrizar, Duplantis utiliza sus brazos para impulsarse, añadiendo el toque final a su salto. Sin embargo, esta destreza no es únicamente cuestión de talento innato. Cada elemento está optimizado a su favor: usa pértigas construidas con materiales como fibra de vidrio o carbono, que maximizan la energía elástica acumulada. Además, sus zapatillas especializadas permiten un agarre superior al impulso.
A pesar de las hazañas de Duplantis, existe un límite físico que parece inalcanzable sin algún tipo de ayuda externa. Si se considera la velocidad máxima de un ser humano, como los 12,2 m/s logrados por Usain Bolt, la ecuación energética ideal, sin fricciones ni pérdidas, sugiere que la altura máxima alcanzable teóricamente sería de 8,8 metros. Sin embargo, esto es pura fantasía para un saltador de pértiga, pues la combinación de velocidad y carga que conlleva la pértiga es desalentadora.
En un contexto más realista, un atleta que alcance velocidades de 10,5 m/s y optimice su técnica podría llegar a una altura máxima de 6,81 metros, aunque las pérdidas por fricción y fatiga reducen ese límite a alrededor de 6,4 o 6,5 metros. Esta es la frontera que separa lo increíble de lo imposible.
En la historia del atletismo, los límites se han reescrito continuamente a medida que se han combinado talento, tecnología y una pasión por la mejora constante. La pregunta que persiste es si Duplantis podrá aún superarse o si otros atletas, actualmente desconocidos, ya están entrenando en la penumbra con el propósito de asombrar al mundo.
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