Este sábado, un bombardeo ruso en ese mismo punto sumado a otros dos en las calles cercanas mataron a una decena de personas e hirieron a 60, en su gran mayoría civiles, según las autoridades ucranias.
Danylo Stepaniuk, uno de los fumadores, asegura que uno de los muertos era un joven que acababa de volver a la ciudad para evacuar a su madre de una ciudad en la que las condiciones de vida se van haciendo más complicadas. El ataque pillo al chico en el coche y dejó su cuerpo carbonizado, dice Stepaniuk.
Tras abandonar la ciudad portuaria del Mar Negro —la única capital provincial que el Kremlin había logrado conquistar— empujados por una exitosa contraofensiva ucrania, las fuerzas del presidente ruso, Vladimir Putin, están sometiendo ahora a Jersón a un duro castigo. La localidad tiene serios problemas de acceso al agua, luz y calefacción; peor incluso que otras ciudades ucranias. “Los bombardeos son constantes”, apunta Stepaniuk.
El ataque del sábado, pocas horas antes de que parte de la población celebrase las fiestas navideñas, es uno de los peores que ha sufrido la ciudad. El gobernador de la región de Jersón, Yaroslav Yanushevich, ha llamado a quienes puedan a acercarse a donar sangre para los heridos. Tres trabajadores de emergencias que trabajaban en tareas de desminado a las afueras de la ciudad han muerto también este fin de semana como consecuencia de la explosión de una de las bombas trampas que dejaron plantadas los rusos, según ha asegurado Yanushevich.
Casi al mismo tiempo que Larissa y su familia se disponían a salir para uno de los servicios religiosos navideños, las sirenas que avisan de ataques aéreos se disparaban en todo el país . La familia se dispuso a esconderse en el sótano de su casa, a las afueras de Jersón. Este año, las celebraciones han sumado a más gente tras el beneplácito de la Iglesia ortodoxa de Ucrania.
“Un regusto amargo”
Las fiestas tienen en Ucrania un “regusto amargo”, señalo el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en su discurso nocturno del sábado, mientras la gran mayoría de los países occidentales que han apoyado a Ucrania celebraran la Navidad. “La cena en la mesa familiar no puede ser tan sabrosa y cálida. Puede haber sillas vacías a su alrededor y nuestras casas y calles no pueden ser tan brillantes”, dijo. “Las campanas navideñas pueden no sonar tan fuerte e inspiradoras por las sirenas antiaéreas, peor aún, por los disparos y explosiones”, abundó el presidente ucranio.
Las consecuencias de los ataques a las instalaciones energéticas de toda Ucrania, que han dejado gran parte del país con problemas serios de suministro de luz, agua y electricidad en pleno invierno, han continuado este domingo. El estado mayor del Ejército ucranio ha afirmado este domingo que las fuerzas del Kremlin han bombardeado este fin de semana docenas de ciudades y posiciones a lo largo de la línea del frente.
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