La reciente Cumbre de los BRICS, que incluye a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ha despertado controversia al alinearse con posiciones que han generado un amplio debate internacional. La cumbre alzó la voz en defensa del régimen de Irán, criticó abiertamente a Israel y mostró un respaldo notable hacia la invasión rusa de Ucrania, lo que ha generado reacciones de desconcierto y desaprobación.
Como anfitrión, Brasil, bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula Da Silva, recibió con cordialidad al presidente cubano Miguel Díaz-Canel, un líder cuyo régimen ha enfrentado acusaciones de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. A pesar del contexto de represión en Cuba, Lula parece haber pasado por alto la situación de los más de 1,100 presos políticos en la isla. Su enfoque se centró en la crítica hacia Israel, dejando de lado la difícil realidad que enfrenta Venezuela, un país vecino que ha sido señalado por prácticas de tortura y desapariciones forzadas.
En esta cumbre, los presidentes Gustavo Petro de Colombia y Claudia Sheinbaum de México se manifestaron en contra de la postura de Lula, advirtiendo que la retórica antioccidental de los BRICS podría dañar aún más las relaciones con Estados Unidos, un socio comercial clave en la región. Esta división interna fue evidente cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, participó de manera virtual, mientras que Xi Jinping, de China, no asistió ni siquiera por videoconferencia, lo que subraya la importancia reducida de la cumbre.
A pesar de su ambición de erosionar el dominio del dólar, los BRICS han tenido dificultades para lograr lo que prometen. Su Banco de Desarrollo dista mucho de compararse con instituciones establecidas como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, fundados por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. A su vez, el bloque muestra contradicciones al criticar el modelo estadounidense mientras busca mantener el comercio con esta misma potencia, lo que evidencia una falta de coherencia en sus políticas.
En una manifiesta defensa de Rusia, los BRICS se opusieron a los ataques contra infraestructuras rusas que, según ellos, desestabilizan a la población civil, convirtiendo al agredido en agresor en su narrativa. También hicieron un llamado a la injerencia de la ONU en asuntos relacionados con Irán y Gaza, mientras que en el caso de Ucrania abogan por el respeto a la soberanía y la autodeterminación, funcionando como una organización que alega no alinearse pero que constantemente se encuentra atrapada en luchas internas.
Las tensiones entre sus miembros reflejan un bloque debilitado. China y su apoyo a Pakistán contrastan con las relaciones conflictivas de India; Etiopía y Egipto enfrentan disputas sobre el uso del agua del Nilo, y el vínculo entre Irán y Arabia Saudita continúa siendo tenso. A pesar de proclamaciones de unidad y desarrollo, la falta de integridad y democracia dentro de los BRICS plantea preguntas sobre su viabilidad a largo plazo.
Con el contexto político actual, los BRICS continúan siendo percibidos como una retórica vacía, carente del sustento necesario para ser una poderosa alternativa a un orden internacional que, hasta la fecha de publicación original (2025-07-08 05:59:00), sigue dominado por instituciones establecidas y economías políticas consolidadas. Sin una sólida base económica y un sistema democrático con contrapesos, el futuro de este bloque se mantiene incierto.
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