En 2002 la situación del lince ibérico (Lynx pardinus) era crítica, con tan solo 94 ejemplares en Andalucía. Los programas de cría en cautividad y creación de diferentes núcleos han logrado que esa exigua población se haya multiplicado por más de 10 en dos décadas. El año pasado la especie superó la barrera del millar en España y Portugal llegando a los 1.111 individuos entre adultos y cachorros. El crecimiento fue del 30% con respecto al año anterior: nacieron 414 crías de 239 hembras reproductoras, indica el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. El objetivo, asegura la ONG conservacionista WWF, es llegar a las 750 reproductoras en 2040.
La situación permite ser optimista, pero con cautela, porque el felino, que dejó atrás su momento más crítico en 2015, continúa clasificado como especie en peligro de extinción en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. La gran mayoría de los ejemplares (87,5%) se distribuye por el cuadrante suroccidental de la Península, sobre todo en los cinco núcleos de Andalucía, en los que viven la mitad de los linces españoles. Le sigue Castilla-La Mancha con un tercio de la población y Extremadura, con 141 ejemplares. En Portugal habitan 140 felinos en el área del valle del Guadiana.
“Se nota que cada vez hay más cachorros y lo importante es que siguen teniendo suficiente territorio en las zonas donde se reintrodujeron y pueden continuar la expansión”, explica Ramón Pérez de Ayala, responsable del programa del lince en la organización conservacionista WWF. El problema es que con el crecimiento exponencial actual se puede llegar a una saturación de esas áreas linceras. “Como no empecemos a crear las nuevas poblaciones y a conectar las que ya existen, se llenarán las actuales y la diversidad genética se podría perder poniendo en peligro lo conseguido”, añade Pérez de Ayala.
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