En los últimos años, varias de las principales instituciones culturales del Reino Unido han enfrentado serias amenazas a su seguridad. Un informe de un comité de cuentas públicas ha advertido que estos incidentes han puesto de manifiesto debilidades importantes en el sector, mientras que el gobierno no ha logrado elaborar una estrategia adecuada para prevenir futuros ataques. Esta falta de acción deja a las instituciones culturales de Gran Bretaña expuestas a riesgos crecientes.
En un contexto donde los sistemas digitales son esenciales para todo, desde la venta de entradas hasta la seguridad y el acceso a los edificios, desatender la ciberseguridad deja a los museos vulnerables a ataques que pueden amenazar tanto sus finanzas como sus colecciones. Si el Reino Unido desea evitar robos y ataques significativos, es crucial aprender del reciente atraco al Louvre, donde fueron sustraídos joyas valoradas en 88 millones de euros (£78 millones). Una auditoría realizada poco antes del suceso reveló que el museo había priorizado el gasto en arte y exposiciones con 169 millones de euros, dejando solo 26,7 millones para el mantenimiento, incluyendo la seguridad.
El pensamiento que guía a muchas instituciones culturales parece ser que, para mantener su resiliencia financiera, deben invertir más en atracciones que generen ingresos. Sin embargo, esto lleva a que la seguridad a menudo sea relegada a un segundo plano, resultando en una menor inversión y una falta de atención respecto a la actualización de las medidas de seguridad. El costo financiero de un robo puede afectar gravemente la estabilidad económica, degradando las reservas de emergencia y aumentando las primas de seguro.
La situación de seguridad del Louvre es un caso ilustrativo. Ya desde 2017, una auditoría había identificado sistemas obsoletos que comprometían la eficacia de la seguridad. A solo tres semanas del robo, la Corte de Auditores de Francia criticó al museo por no haber prestado atención a las auditorías y por haber priorizado el arte sobre la seguridad en los años previos.
El British Library también ha sido víctima de ciberataques que evidencian problemas similares en las prioridades de inversión. En octubre de 2023, la biblioteca sufrió una severa infiltración de hackers que bloquearon a todos los usuarios de la red y exigieron un rescate de 20 Bitcoin, equivalentes a aproximadamente £590,000. La decisión de no pagar el rescate resultó en la subasta y filtración de datos en la web oscura.
Los informes sobre estos ataques indican que las instituciones culturales, el gobierno y el mismo comité de cuentas públicas cometen el error clásico de separar la ciberseguridad de la seguridad física. Aunque se mencionan iniciativas para reunir a directores de información y seguridad, no se promueve un diálogo efectivo entre ambos grupos. Esto crea un vacío en la estructura organizativa que puede resultar perjudicial en un mundo interconectado. Hoy en día, muchas medidas de seguridad física dependen de la tecnología, por lo que es imperativo que la gestión de la seguridad sea más estructurada.
La convergencia entre la tecnología de operación y la información es otro desafío creciente. Cuando los sistemas de acceso controlados, cámaras y otros dispositivos están conectados a la red, cualquier división digital puede tener consecuencias inmediatas en la seguridad física. Esto queda claro en el caso del ataque cibernético al Colonial Pipeline en 2021, que, aunque afectó solo a sistemas de IT, resultó en la paralización de operaciones completas del sistema.
Un enfoque más integrado, como el mostrado por la empresa Go-Ahead en 2022, que enfrentó un ataque similar, permite mantener las operaciones y abordar la fuente del ataque sin necesidad de detener toda la actividad. Es esencial que el sector cultural en el Reino Unido no solo reconozca estas lecciones, sino que actúe sobre ellas. Sin embargo, tanto la evidencia proporcionada al comité de cuentas públicas como el informe final no parecen ofrecer razones para creer que mejorará la cohesión en la estrategia de seguridad en el futuro.
La situación actual no solo demanda acciones concretas, sino también una revalorización de las medidas de seguridad, convirtiendo la ciberseguridad en una prioridad y no en un pensamiento posterior. Las instituciones culturales deben reflexionar y actuar para proteger lo que han construido, aprendiendo de los errores cometidos por aquellos que no tomaron sus vulnerabilidades en serio.
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