Finalmente no habrá público en los Juegos de Tokio. A dos semanas de que arda en el pebetero la llama de los Juegos de la XXXII Olimpiada, los organizadores del certamen multideportivo han decidido prohibir la presencia de público en el evento, tal y como pedían las autoridades sanitarias y un amplio segmento de la opinión pública. La decisión, anunciada por la ministra para los Juegos Tamayo Marukawa, llega después de que este jueves, el primer ministro japonés, Yoshihide Suga, haya declarado un nuevo estado de emergencia para Tokio, el cuarto desde que comenzó la crisis sanitaria.
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La variante delta del virus ─detectada por primera vez en la India y altamente contagiosa─ está provocando desde finales de junio un repunte de contagios en la capital nipona, que ya suma dos tercios de las infecciones totales registradas en Japón. Ante la posibilidad de un nuevo rebrote masivo en la urbe tokiota, este jueves el Gobierno japonés, el Comité Organizador de los Juegos, el Comité Olímpico Internacional (COI), el Comité Paralímpico Internacional y la jefatura metropolitana de Tokio se han reunido para revisar si finalmente se mantenía la decisión tomada el mes pasado de permitir un aforo máximo de 10.000 espectadores o si se reconsideraba tal cantidad. En marzo ya se había vetado la presencia de aficionados extranjeros y hoy se confirma que los japoneses tampoco podrán asistir a la cita deportiva.
Aquella cifra tope se fijó siguiendo la política de la administración Suga de restringir el número de espectadores en grandes eventos al 50% de la capacidad de los recintos y bajo la premisa de que la municipalidad de Tokio no se encontrase en estado de emergencia. Estaba previsto que este domingo la capital japonesa pusiese fin a unas medidas de “casi emergencia” adoptadas el mes pasado, pero después de que el miércoles se contabilizasen 920 nuevas infecciones de covid-19 (la cifra más alta desde el 13 de mayo, cuando en medio de la cuarta ola registró 1.010), el Gobierno ha decidido dar un paso atrás y decretar el estado de emergencia del 12 de julio al 22 de agosto. Los Juegos entrarán de lleno en ese plazo.
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La prohibición de la presencia de aficionados en las competiciones es el último mazazo para los Juegos Olímpicos de Verano Tokio 2020, pospuestos un año por el estallido de la pandemia y cuya organización se ha convertido en una auténtica carrera de obstáculos. La noticia, sin embargo, era un secreto a voces. El rotativo Asahi Shimbun adelantaba el martes que todo apuntaba a que en la ceremonia de apertura del próximo 23 de julio en el Estadio Nacional solo podrán asistir al espectáculo y desfile inaugurales miembros de honor, básicamente, miembros del COI, de la “familia olímpica” y altos cargos.
Además, a principios de semana las autoridades de Sapporo hacían un llamamiento a la ciudadanía para que no asista a presenciar las carreras de maratón y las de marcha, ante el riesgo de que se disparen los contagios de covid-19. La capital de la isla septentrional de Hokkaido será el lugar que albergue entre el 5 y el 8 de agosto los eventos de marcha olímpica de 20 y 50 kilómetros y el maratón.
La prefectura continúa bajo estado de emergencia y, según informaba la agencia local de noticias Kyodo News, su gobernador, Naomichi Suzuki, había pedido a los promotores de la cita estival que impusiesen restricciones para prevenir que las multitudes se aglomeren a lo largo de las calles por las que transitarán los atletas. El Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Verano Tokio 2020 ya había acordado el martes junto a las autoridades de Sapporo y Hokkaido limitar los desplazamientos de la población para minimizar los riesgos de infección.


