En el mundo del tenis, el tiempo avanza de forma implacable. Roger Federer dijo adiós a las canchas en 2022, incapaz de recuperarse de una persistente lesión en la rodilla. En un giro similar, sus contemporáneos, Rafael Nadal y Andy Murray, también se despidieron del deporte que los vio brillar, sus cuerpos ya no capaces de soportar las duras exigencias del tenis de élite. Sin embargo, Novák Djokovic ha desafiado al tiempo. A sus 39 años, el serbio sigue en pie de batalla, demostrando que la pasión y el compromiso pueden prevalecer frente a la adversidad.
En un emocionante cuartofinal en Wimbledon, Djokovic alcanzó su victoria número 42 en partidos a mejor de cinco sets, en lo que se registró como el duelo más largo en la historia del torneo británico. Tras hacer frente a un agotador encuentro, se prepara para un nuevo reto: la semifinal ante Jannik Sinner, un rival que ya le ha proporcionado alguna dificultad en el pasado. La historia se repite; en el último Open de Australia, Djokovic logró superar a Sinner tras cinco emocionantes sets, rompiendo una racha de cinco derrotas consecutivas ante el italiano.
Parte de su éxito también se atribuye a una rigurosa atención a su salud física y mental. Desde que el nutricionista bosnio Igo Cetojevic se unió a su equipo en 2010, Djokovic ha adoptado un enfoque meticuloso hacia su alimentación y bienestar general. Reconoce que el tiempo de recuperación es ahora más prolongado, lo que lo lleva a practicar el biohacking y utilizar innovadoras técnicas de recuperación. Baños de contraste, terapia de luz roja y tratamientos en cámaras hiperbáricas y de crioterapia son solo algunas de las estrategias que emplea para mantenerse en la cima.
Mientras otros jugadores optan por comer en los restaurantes de los torneos, Djokovic lleva consigo comida preparada en casa, ajustada a su estricta dieta sin gluten que incluye verduras, carnes magras, pescado y una variedad de frutos secos. Esta dedicación a la nutrición va de la mano con su colaboración cercana con su fisioterapeuta Milan Amanovic, quien lo ha acompañado durante la última década. Además, Djokovic cuenta con el apoyo incondicional de su entrenador, Víctor Troicki, quien también es capitán del equipo de Copa Davis.
Pero la historia de Djokovic no es solo un relato de trabajo duro y compromiso; es también un testimonio de superación. Hace dos temporadas, se sometió a una cirugía por una rotura de menisco durante Roland Garros. Solo tres semanas después, volvió a competir en Wimbledon, donde llegó a la final enfrentándose a Carlos Alcaraz. Aquella derrota se corrigió posteriormente con un despliegue impresionante que le permitió colgarse la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París.
A medida que se acercan las semifinales de Wimbledon, el mundo observa con admiración cómo Novak Djokovic sigue desafiando las expectativas y recordándonos que el espíritu competitivo no conoce límites.
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