SÃO PAULO — En un vibrante despliegue de innovación y creatividad, el Pabellón Oscar Niemeyer, ubicado en el icónico Parque Ibirapuera, acogió nuevamente el 8 de abril a SP-Arte, la mayor feria de arte de América Latina. Atraer a 180 expositores en su 22ª edición, aunque un poco más modesta que la del año anterior, destaca la resiliencia y la fuerza continua de las galerías brasileñas en el escenario artístico global.
Entre los asistentes del primer día estuvo Brinda Kumar, curadora asociada de Arte Moderno y Contemporáneo en el Museo Metropolitano de Arte. Este fue su primer viaje a São Paulo, donde el vínculo artístico entre el sur global y Brasil capturó su atención. Kumar destacó una visita al estudio de la reconocida artista Rosana Paulino, organizada a través del programa Latitude, que tiene el propósito de promover el arte brasileño desde 2007. “Pude ver el arte dentro del contexto en que fue creado”, comentó, subrayando la relevancia cultural del momento.
SP-Arte, intrigantemente ambivalente, se posiciona a la vez como un centro global y un reflejo de la identidad regional. Felipe Dmab, socio de Mendes Wood DM, que ha crecido desde São Paulo a Nueva York, París y Bruselas, enfatiza que esta dualidad es una fortaleza. Aunque algunos comerciantes extranjeros podrían ver Brasil como un universo aislado, el verdadero éxito radica en mantenerse profundamente anclados a la cultura local mientras exploran oportunidades en el extranjero.
Este año, además de las obras de Paulino, se exhibieron paisajes fusionando elementos naturales con motivos geométricos y surrealistas, realizados por artistas como Patricia Leite y Edgar Calel, evidenciando un diálogo coherente que trasciende fronteras.
Hena Lee, directora asociada en la galería Almeida & Dale, enfoca la visita de SP-Arte como un componente esencial para fortalecer el ecosistema artístico local, transformando a Brasil de un mercado periférico a un interlocutor activo en el arte internacional. Las obras presentadas van desde textiles abstractos en fieltro hasta retratos expresionistas que abordan aspectos raciales y urbanos, mostrando el amplio espectro de voces que emergen del contexto brasileño.
Sin embargo, la participación en este tipo de ferias no está exenta de desafíos. Fernanda Feitosa, fundadora de SP-Arte, mencionó que, más allá de las tarifas, la carga tributaria que enfrentan los coleccionistas puede elevar el coste de una obra de arte hasta un 45%. El panorama fiscal complejo ha llevado a que, aunque galerías de renombre hayan sido atraídas en el pasado, la incertidumbre persiste.
Artistas de diversas procedencias también encontraron su lugar en la feria. Rodrigo González, de la RGR Gallery en Ciudad de México, comentó sobre el vínculo cultural entre el arte abstracto venezolano y brasileño. En su stand, obras de Jesús Rafael Soto, un pionero del arte cinético latinoamericano, se exhibieron junto a la joven pintura abstracta china de Wang Yi, reflejando una fusión multicultural que enriquece el entorno artístico.
La presencia internacional en SP-Arte no solo se limita a las galerías, sino también a artistas como Tomás Saraceno y su uso innovador de paneles iridiscentes, que capturan el interés por lo cotidiano de maneras sorprendentes.
A medida que el evento continúa, se ha puesto de manifiesto una nueva vitalidad en la escena del arte brasileño, no solo por su conexión a otros países de América Latina sino también por su capacidad para hablar en dialectos artísticos únicos. Este año, SP-Arte se erige no solo como un escaparate del arte contemporáneo, sino como un auténtico catalizador para el diálogo entre culturas, impulsando la narrativa de Brasil como un jugador principal en la conversación global sobre el arte.
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