Con aproximadamente 9 millones de visitantes en el último año, el Louvre de París se mantiene como el museo más visitado del mundo. Sin embargo, esta popularidad también lo convierte en un blanco probable para el fraude. Recientemente, se ha destapado un escándalo de falsificación de entradas que se ha extendido por más de una década, con un valor estimado de 10 millones de euros (11.8 millones de dólares).
Kim Pham, el administrador general del museo, hizo hincapié en que la magnitud del Louvre hace que este tipo de delitos sean “estadísticamente” inevitables. Al ser cuestionado sobre otros museos que hayan enfrentado problemas similares, Pham no pudo proporcionar ejemplos.
La semana pasada, las autoridades francesas arrestaron a nueve personas, entre ellas dos empleados del museo, en el marco de este amplio esquema de fraude. El Palacio de Versalles también se vio implicado, y las autoridades han confiscado más de 957,000 euros en efectivo, junto con 67,000 euros en moneda extranjera y otros 486,000 euros en cuentas bancarias separadas.
La investigación sugiere que dos guías turísticos chinos reutilizaban entradas para admitir a grupos diferentes, en complicidad con empleados del museo. Vigilancias y escuchas telefónicas confirmaron que estos guías sobornaban a trabajadores para que facilitara el acceso fraudulento.
Aunque Pham evitó confirmar las pérdidas financieras del Louvre, se defendió contra la idea de que este problema reflejaba una mala gestión sistémica, señalando que el esquema fue descubierto menos de un año después del robo histórico de joyas de la corona francesa. “Simplemente, el Louvre es el museo más grande del mundo”, afirmó. No obstante, reconoció que la complejidad de operar tal institución conlleva dificultades y que la seguridad necesita mejoras.
El museo ha admitido que está enfrentando un aumento y diversificación del fraude en la venta de entradas, lo que ha motivado la implementación de un plan estructurado para combatir estos delitos. Este plan incluye acciones preventivas y curativas, así como un seguimiento de sus resultados.
La operación policial en curso se originó a partir de una denuncia realizada por el propio museo como parte de su política anti-fraude y los contactos continuos entre el personal del Louvre y la policía frente a prácticas fraudulentas.
Por otra parte, la oficina del fiscal de París ha abierto una investigación judicial desde junio, en relación con sospechas de “fraude organizado, lavado de dinero organizado, corrupción pública activa y pasiva, y uso de documentos administrativos falsificados”.
Este escándalo pone de relieve los desafíos que enfrenta el Louvre no solo en términos de seguridad, sino también en su reputación como una de las instituciones culturales más emblemáticas del mundo.
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