Al grito de “¡resistencia!” y en medio de barricadas en llamas, miles de ciudadanos se manifestaron el domingo en varias ciudades colombianas, incluyendo Bogotá y Cali, en rechazo a la elección del ultraderechista Abelardo de la Espriella como nuevo presidente. La protesta reunió a votantes descontentos, especialmente de la izquierda, quienes habían sido superados por un estrecho margen en la reciente segunda vuelta electoral. Con un ambiente cargado de música, arengas y bocinazos, los manifestantes expresaron su indignación en las calles, considerados bastiones del saliente presidente Gustavo Petro y su candidato aliado, Iván Cepeda.
La marcha, inicialmente pacífica, se tornó violenta cuando algunos manifestantes con el rostro cubierto comenzaron a enfrentarse con la policía antidisturbios. Durante los disturbios, se incendiaron llantas y se quemaron banderas de Estados Unidos, identificado por muchos como un respaldo a la elección del nuevo presidente, quien se ha visto cuestionado por representar legalmente a criminales, incluidos narcotraficantes y paramilitares. Sus promesas de reprimir las protestas y su mandato previsto hasta 2030 han generado una gran preocupación entre los opositores.
“¡No nos vamos a conformar con un gobierno que sea agresivo!”, exclamó Isabella Giraldo, una joven emprendedora. Las imágenes de esta jornada de protestas rememoraron los intensos estallidos sociales que el país experimentó entre 2019 y 2021, cuando los estudiantes se manifestaron contra el gobierno del derechista Iván Duque, predecesor de Petro.
Petro y sus seguidores han manifestado su intención de impugnar el resultado de miles de mesas de votación, con la firme determinación de no aceptar ningún resultado hasta que se complete el escrutinio final, un proceso que se espera lleve varios días. En la capital, centenares de personas se congregaron frente a la Universidad Nacional, un símbolo de la educación pública en el país, llevados por un sentimiento de inconformidad y resistencia.
La respuesta policial no se hizo esperar, lanzando gases lacrimógenos a los jóvenes que protestaban contra un nuevo gobierno que promete una dura política contra el crimen, así como la construcción de megacárceles y el fomento del fracking para la extracción de recursos energéticos. “Esto va en contra de la naturaleza”, comentó Andrés Peñuela, un trabajador independiente de 21 años, preocupándose por las implicaciones ambientales de tales políticas.
Mientras De la Espriella, quien durante la campaña había prometido “destripar” a la izquierda, moderó su discurso tras su victoria y declaró que gobernará “para todos los colombianos”, muchos temen que su administración desmantele los programas sociales impulsados por el gobierno de Petro, destinados a ayudar a los más vulnerables en el país, que enfrenta marcadas desigualdades sociales.
Natalia, estudiante de mercadeo de 26 años, anticipó un periodo de malestar social, afirmando que continuarán mostrando su inconformidad frente a un gobierno que va en contra de los derechos básicos por los que las comunidades han luchado durante tanto tiempo. Tras ella, un cartel colgado en un puente manifestaba el sentir de muchos: “Cepeda, defensor de víctimas. Abelardo, defensor de victimarios”.
Las protestas del pasado –duramente reprimidas y que ocasionaron la muerte de varios manifestantes– han dejado una huella profunda en la memoria colectiva. Expertos advierten que, si la ultraderecha decide implementar recortes sociales, el país podría experimentar movilizaciones similares en el futuro. La promesa de “muchas más” manifestaciones resonaba entre los presentes en esta jornada de protesta.
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