La resiliencia de los destinos turísticos en México frente al cambio climático se ha convertido en un desafío crucial para el sector. Recientemente, Mauricio Cárdenas Piñeros, cofundador y presidente de Cámara Verde LATAM, una ONG que opera en el país desde 2020, expresó en una entrevista la urgencia de abordar esta problemática. La influencia de fenómenos climáticos extremos como huracanes, tsunamis, sequías prolongadas y el incremento del sargazo demanda una respuesta coordinada que trascienda la labor aislada de hoteleros y aerolíneas.
El cambio climático presenta riesgos sistémicos que requieren la participación activa de múltiples actores. La gestión de riesgos ambientales no puede seguir siendo una opción; integrar estas preocupaciones en las estrategias de negocio es vital. Cárdenas advirtió que, de no implementar estas medidas, “entre una cuarta parte y la mitad del año, un destino turístico podría no tener la posibilidad de atender a sus turistas”.
En este contexto, la Asociación Nacional de Autoridades Ambientales Estatales (ANAAE) desempeña un papel fundamental al ejercer funciones públicas en materia ambiental en todos los estados de la nación, actuando como un punto de articulación para prevenir, mitigar y compensar los daños que pueda sufrir la infraestructura turística y sus usuarios. Sin embargo, Cárdenas subrayó que uno de los problemas globales, no exclusivo de México, radica en la falta de medición de los riesgos ambientales. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) está trabajando para fortalecer su capacidad a través de la nueva Ley de equilibrio ecológico y conservación del medio ambiente.
Take for example la Riviera Maya, un destino turístico emblemático donde se ha establecido una colaboración entre la cadena turística y las autoridades para mitigar los efectos del sargazo, una alga que ha invadido sus playas en respuesta al calentamiento de las aguas marinas. Aunque se han implementado acciones, estas han llegado “demasiado tarde”, permitiendo que el fenómeno se saliera de control. La creación de infraestructura destinada a la captura del sargazo antes de que se asiente en las playas ha intentado reconducir el problema hacia el aprovechamiento de estos residuos, convirtiéndolos en biogás o biomateriales.
El impacto del cambio climático también se manifiesta a través de fenómenos como El Niño y La Niña, que provocan alternancia entre períodos de lluvias intensas y sequías severas, afectando significativamente las actividades turísticas. Enfrentamos congestiones en el transporte aéreo, dificultades para trasladarse terrestremente, y desastres naturales como inundaciones y deslaves, situaciones que ya han puesto a prueba la infraestructura turística del país.
Es imperativo que tanto los sectores público como privado se unan para gestionar estos retos de manera efectiva. La adaptación y mitigación ante el cambio climático no son solo opciones; son urgencia. La naturaleza de los fenómenos climáticos demanda una estrategia integral y colaborativa que asegure la sostenibilidad de nuestros destinos turísticos frente a un futuro incierto.
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