La noche del 20 de enero de 2026 dejó a los aficionados al fútbol con una lección vital: en este deporte, los goles son lo que realmente importa. El Sporting de Portugal logró una sorprendente victoria ante el PSG, campeón de Europa, a pesar de ser ampliamente superado durante gran parte del encuentro.
El conjunto parisino, bajo la dirección de Luis Enrique, desplegó un dominio casi absoluto en la primera mitad. Con un total de 28 disparos, de los cuales solo seis encontraron el camino hacia la portería, el PSG mostró su ineficacia en el remate, una tendencia que ya había quedado patente en su reciente empate contra el Athletic de Bilbao. A pesar de su acoso constante, la falta de puntería se convirtió en su peor enemigo en el Estadio José Alvalade.
En los primeros 45 minutos, el juego del PSG fue un monólogo. Su velocidad en la circulación del balón y su presión alta asfixiante permitieron que dominaran todas las facetas del juego, mientras que el Sporting apenas lograba salir de su propio campo. La primera mitad fue testigo de intentos desde larga distancia por parte de Fabián y Vitinha, así como una ocasión desaprovechada por Nuno Mendes, quien vio cómo su gol fue anulado tras la revisión del VAR por una falta previa en la jugada.
Sin embargo, la historia cambió en la segunda mitad. El Sporting, buscando dar la sorpresa, adoptó un enfoque más agresivo y empezó a amenazar al PSG con sus contragolpes. Aunque el equipo francés seguía generando ocasiones, su peligro fue en declive. La estrategia de riesgo del Sporting dio frutos cuando, tras un saque de esquina, Luis Suárez logró rematar en el minuto 90, sellando la victoria para su equipo y desatando la euforia en las gradas.
Luis Enrique, que apenas tenía a siete jugadores disponibles en su banquillo, incluido un par de porteros, no encontró la forma de penetrar la defensa lisboeta, aunque Kvaratskhelia logró empatar temporalmente con un golazo. Al final, esta victoria no solo otorga tres puntos cruciales al Sporting, sino que además deja al PSG en una situación complicada, con tres partidos sin ganar en la fase de grupos de la Champions League.
Mientras el Sporting celebra su logro y se posiciona entre los ocho mejores, el PSG se enfrenta a una dura realidad. La falta de efectividad en el ataque ha puesto en aprietos al equipo y plantea dudas sobre su capacidad para avanzar en el torneo. El desafío que enfrenta Luis Enrique es claro: encontrar soluciones efectivas para revertir esta situación antes de que sea demasiado tarde.
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