La Compañía Nacional de Danza (CND) de España se encuentra en una etapa significativa de transformación y exploración artística. Con el reciente estreno de Struere, un díptico que presenta dos obras—Masa, de Luz Arcas, y Tablero, de Kor’sia—la compañía busca expandir sus horizontes más allá de la tradición y la técnica asentada, para abrirse a nuevas propuestas contemporáneas.
Muriel Romero, quien asumió la dirección de la CND en 2024, ha impulsado una corriente de renovación centrada en incluir coreógrafos actuales y en explorar la danza contemporánea sin las limitaciones que habían caracterizado a la compañía en años anteriores. Esta apertura es esencial en un contexto donde el arte con financiación pública suele estar bajo el escrutinio del público, que siente un sentido de pertenencia y opinión sobre lo que debe incluirse en el repertorio.
La obra Struere, que tuvo su estreno absoluto en el Centro de Danza Matadero de Madrid, evidencia estas nuevas direcciones. A pesar de que el resultado entre las dos piezas se muestra desigual, la propuesta es relevante en el contexto actual de la danza en España. La primera parte, Masa, es una exploración creativa que utiliza 23 bailarines para confrontar ideas de colectividad, inspiradas por el influente libro Masa y poder, del pensador Elías Canetti. Arcas demuestra una dirigencia notable al guiar a sus intérpretes, quienes brindan actuaciones de madurez y entrega.
Por otro lado, Tablero, de Antonio de Rosa y Mattia Russo, contempla la idea de lo colectivo a través de una escenografía móvil que refleja conexiones culturales entre comunidades. Aunque presenta visiones poéticas, su realización se ve opacada por una falta de coherencia y claridad narrativa, lo que impide que el mensaje sobre la identidad cultural resuene con fuerza.
Ambas obras, aunque distintas en su ejecución, subrayan el dilema de la danza contemporánea: cómo mantener la identidad artística original mientras se da cabida a innovaciones y experimentaciones más arriesgadas. La CND se mueve en esa dirección, presentando un espacio de diálogo entre las expectativas del público y la ambición creativa de los coreógrafos contemporáneos.
Se augura que esta línea de trabajo establezca un nuevo estándar en la danza estatal, fundamentando la importancia de la innovación en el arte, al tiempo que ofrece al público experiencias enriquecedoras que desafían la percepción del arte escénico.
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