Separados por una enorme mesa —casi tan grande como la distancia que hoy aleja a Moscú de la OTAN—, los presidentes de Rusia y Francia trataron este lunes de buscar una respuesta al avispero ucranio. Vladímir Putin ejerció de anfitrión y escuchó el intento de Emmanuel Macron de lograr una desescalada que aleje la amenaza de guerra. “Una respuesta útil es la que permita evitar la guerra y construir elementos de confianza y estabilidad para todo el mundo”, dijo Macron a su interlocutor al inicio del encuentro.
“Sé que tienes tus propias ideas sobre este asunto”, dijo el mandatario ruso. “Tenemos una preocupación común sobre la seguridad en Europa, y quiero agradecerte que Francia siempre haya tomado una posición muy activa en las principales decisiones”, añadió Putin tuteando a Macron, como ya hizo la semana anterior con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, uno de sus principales aliados en la Unión Europea.
Sin embargo, la visita comenzó con cierta hostilidad hacia la delegación francesa. Al aterrizar, nadie acudió a recibir a Macron, que tuvo que andar bajo el mal tiempo hasta la terminal del aeropuerto de Vnúkovo. Después, el líder francés fue saludado desde lejos, pero con efusividad, por Putin, con quien se sentó a dialogar durante horas.
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Tras su visita a Moscú, Macron viajará el martes a Kiev, donde abordará la crisis con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski. Mientras, las negociaciones continúan en todos los niveles. Una portavoz del Gobierno alemán confirmó a la agencia Interfax que esta semana se encontrarán los asesores de los países que constituyen el Formato de Normandía (Ucrania, Rusia, Alemania y Francia) a la búsqueda de avances en un proceso de paz que lleva estancado desde 2015.
El ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, compartió por Twitter que esta será “otra intensa semana diplomática” y quiso dejar claras las líneas rojas de su país: no hará ninguna concesión territorial a Rusia ni dialogará directamente “con las administraciones de ocupación rusas en Donetsk y Lugansk”, las regiones donde se prolonga una guerra que ya dura casi ocho años.
Mientras, la amenaza sobre Ucrania continúa. El presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, advirtió en una entrevista en un canal de YouTube que su país y Rusia atacarán a Ucrania juntos si Kiev, animada por Estados Unidos, intenta lanzar una ofensiva sobre la zona separatista de Donbás. Las fuerzas armadas bielorrusas y rusas tienen previsto realizar unos ejercicios militares masivos del 9 al 20 de febrero, aunque Lukashenko advirtió de que podrían alterar su misión si sucediese algo en Donbás. Asimismo, varios navíos de guerra de la Flota del Báltico cruzaron el lunes el Estrecho de Gibraltar rumbo al Mar Negro.
Subir la apuesta
Todas las miradas están puestas en el próximo lunes. El Parlamento ruso debatirá el 14 de febrero, según fuentes de la agencia RIA Novosti, el posible reconocimiento de las autoproclamadas repúblicas separatistas. En opinión de Intigam Mamédov, vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú, la inclusión de este punto en la Duma Estatal por primera vez “es una demostración del arsenal de Rusia y de su disposición a subir la apuesta en el futuro”. El experto considera “muy interesante” la resurrección en el discurso político de “la asistencia a las dos repúblicas”. “Está claro que los diputados de la Duma Estatal no actuarán en contra de la política del Kremlin”, añade.
Ucrania es uno de los dos ejes de esta crisis. El otro son las exigencias rusas de un nuevo sistema de seguridad. “EE UU se retiró en 2019 del tratado para eliminación de misiles de medio y corto alcance, y el último acuerdo en el campo de la seguridad estratégica, el START III, solo se firmó gracias a la llegada al poder de Biden”, remarca Mamédov.
Este experto recuerda que el 2 de febrero se cumplieron 30 años del encuentro en Camp David de George Bush padre y Boris Yeltsin, donde los mandatarios anunciaron el final de la Guerra Fría y una nueva era de amistad. “La principal amenaza es la falta de confianza entre las élites políticas de Rusia y EE UU. La histeria que crece en Europa y Rusia es lo más peligroso. No hay que subestimar el impacto de la histeria de los medios y políticos en la toma de decisiones en la política exterior”, advierte.
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