Un campo de golf en Malkins Bank, a las afueras de Sandbach en Cheshire, Reino Unido, ha revelado una preocupante historia oculta bajo su césped verdoso. Este terreno, que antes fue un vertedero industrial, alberga miles de barriles de residuos químicos acumulados a lo largo de décadas de actividad industrial y vertidos indiscriminados. Además de ser un campo de golf de 18 hoyos, la zona se utiliza como área de recreo infantil y fue oficialmente clasificada como contaminada por las autoridades locales.
La historia de la contaminación en Malkins Bank se remonta al siglo XIX, cuando el área operaba como salina y posteriormente como planta química. Desde la década de 1950, se convirtió en un vertedero que recibió desechos industriales y bidones con sustancias peligrosas, incluso residuos radiactivos a partir de la segunda mitad del siglo XX. Estos hallazgos han suscitado una ola de preocupaciones entre los residentes.
En un informe del diario británico The Guardian, se detallan los orígenes de la contaminación: a lo largo de la década de 1960, se registraron vertidos sin control, y un documento de 1968 menciona que en marzo de ese año se depositaron más de 1,000 toneladas de residuos, incluyendo cal y desechos de curtiduría, provenientes de empresas reconocidas como ICI, Shell y Purle Group. Estas empresas son conocidas por haber vertido bifenilos policlorados (PCB), compuestos altamente contaminantes.
El campo de golf, adquirido por el ayuntamiento en 1980, se levanta sobre este terreno problemático. Aunque se llevó a cabo una rehabilitación de cuatro años antes de su inauguración, las quejas sobre malos olores y escapes de lixiviados han persistido durante las tres décadas posteriores. En 2011, las pruebas revelaron la presencia de metales pesados, benceno y tolueno, denominándose la superficie como “un montón de miles de bidones que contienen diversas sustancias tóxicas mezcladas con lodo salino”.
A pesar de estos hallazgos, el consejo del municipio decidió mantener el campo en funcionamiento, considerando que el riesgo para la salud humana era bajo. Sin embargo, en 2022, intensas lluvias provocaron el brote de sustancias malolientes a la superficie, dañando el césped y afectando los árboles, lo que hizo que el consejo iniciara mejoras en el drenaje.
Los documentos internos filtrados por la exconcejala Vera Platt han puesto de relieve la magnitud del problema, con residentes describiendo el terreno como “una gran sopa química bajo el césped” y expresando su temor sobre los posibles efectos a largo plazo de la contaminación. Al parecer, los residuos podrían seguir siendo peligrosos por al menos un siglo.
Tony Minshall, arrendatario del campo entre 2011 y 2025, lamentó no haber sido informado de la contaminación, declarando que el lugar “no es apto para nadie, y mucho menos para jugar al golf”. El impacto del deterioro y las inundaciones de 2022 llevaron a su empresa a la liquidación, sumando más estrés a la comunidad afectada.
El Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales de Reino Unido estima que hay cerca de 100 campos de golf establecidos sobre antiguos vertederos en Inglaterra y Gales. La realidad de Malkins Bank sirve como un recordatorio de los riesgos ocultos debajo de áreas aparentemente recreativas y las responsabilidades que siguen pesando sobre las autoridades y las empresas implicadas. Actualmente, el campo mantiene su actividad, ofreciendo una variedad de opciones recreativas, pero las dudas sobre la seguridad persisten.
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