Morocco se presenta en la Bienal de Venecia con una visión cautivadora que rinde homenaje a su rica tradición artesanal. En su primera participación nacional, el país ha creado una instalación monumental de 300 metros cuadrados en el Arsenale, bautizada Asetta, que significa “telar” y “ritual de tejido” en la lengua amazigh. Esta obra es obra de la artista marocí Amina Agueznay, quien ha dedicado su talento para crear un espacio que no solo exhibe arte, sino que también narra la historia de las comunidades que sostienen estas tradiciones.
Agueznay llevó a cabo una extensa investigación en territorio marroquí y colaboró con un equipo diverso de más de 130 artesanos, muchos de ellos mujeres, quienes han contribuido con su saber hacer en campos como el tejido, la elaboración de cuentas y el bordado. La producción abarcó distintas regiones, desde Casablanca hasta Marrakech y desde la zona de Souss-Massa en el sur hasta las montañas del Atlas, cercanas a Rabat. Este proceso reúne no solo el arte, sino también la memoria colectiva y el trabajo de aquellos que mantienen vivas las habilidades ancestrales.
La instalación de Agueznay es una exploración profunda de la transmisión del conocimiento y de la memoria compartida que sustenta la artesanía marroquí. Se alinea también con el tema del curador de este año, que ahonda en el concepto de In Minor Keys, iluminando así la relevancia cultural de estas prácticas y el vínculo intrínseco entre la artista, el curador Meriem Berrada y los artesanos involucrados. “La transmisión, tal como la veo, ocurre entre los artesanos y yo. Estoy compartiendo historias intangibles y transmitiéndolas a quienes vivirán esta experiencia inmersiva”, comenta Agueznay, subrayando la importancia de la interacción cultural en el arte.
Un elemento central de la obra es la noción de âatba, que representa el umbral entre lo privado y lo público, lo sagrado y lo profano, un concepto importante en la arquitectura vernacular de Marruecos. Además de su valor estético, la instalación está diseñada para que los visitantes puedan sentarse y contemplar el trabajo, invitando a una conexión más profunda con el entorno.
Agueznay expresa su esperanza de que los visitantes sientan la energía que emana de la obra al interactuar con ella. “Mi objetivo como artista es que esta comunicación de energía se transmita”, afirma. Este espacio, que permanecerá abierto del 9 de mayo al 22 de noviembre en el Arsenale, no solo es una representación del arte contemporáneo, sino también un tributo a las tradiciones que forman parte del tejido cultural de Marruecos, logrando así que su legado perdure y se celebre a nivel internacional.
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