La intersección entre el arte y la salud mental ha empezado a recibir la atención que merece, ya que nuevos estudios demuestran su impacto positivo en el bienestar. En este contexto, Daisy Fancourt, profesora galardonada en psicobiología, se sumerge en las conexiones entre la creatividad y la salud en su reciente investigación, que será presentada durante el Tefaf Summit en Maastricht el 16 de marzo de 2026.
Fancourt muestra, a través de datos longitudinales y métricas biológicas, cómo la participación en actividades artísticas puede resultar en mejoras significativas en la salud mental. Sus hallazgos destacan que los individuos con depresión experimentan casi el doble de mejoría en sus síntomas al incorporar terapias artísticas junto a tratamientos convencionales, como medicación y psicoterapia. Además, acudir regularmente a eventos culturales, como teatro, música en vivo y museos, puede reducir a casi la mitad el riesgo de desarrollar depresión en la próxima década.
Más allá de la salud mental, Fancourt ha estado colaborando con el gobierno del Reino Unido en un modelo económico que demuestra los beneficios tangibles del arte. Se estima que el valor de la salud general de los adultos en edad laboral que participan en actividades artísticas supera los 18 mil millones de libras anuales en el Reino Unido. Estas cifras son esenciales en un mundo donde la comercialización extrema del arte a menudo opaca sus beneficios sociales.
Fancourt sostiene que esta información es crucial para recalibrar el discurso en torno al arte en un panorama en el que cada ganancia es minutiosamente evaluada. Ella misma explica que si en el ámbito del deporte y el ocio se valoran los retornos sobre la inversión, el arte merece igual consideración.
Si bien la investigación se presenta en un contexto de feria de arte, la profesora aclara que sus conclusiones no se limitan a entornos exclusivos. En su libro, Fancourt recuerda que, hace solo unos siglos, el arte formaba parte integral de la vida cotidiana, con narraciones, danza y música como prácticas comunitarias universales.
Al final, Fancourt aboga por que la participación en actividades artísticas sea un derecho para todos, destacando que la experiencia artística no tiene que limitarse a los espacios más formales. “Puedes obtener beneficios similares al asistir a presentaciones de escolares que al disfrutar de una producción profesional”, señala, enfatizando la importancia de reconocer todas las formas de creatividad en diversas comunidades.
Este enfoque renovado sobre la importancia del arte no solo desafía narrativas previas, sino que también resalta su valor intrínseco en la construcción de sociedades más saludables y cohesivas.
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