La reactivación del conflicto del Congo comienza a finales del año pasado tras el proceso fallido de integración de los miembros del M23 en las fuerzas de defensa y seguridad congoleñas.
El 29 y 30 de noviembre en Kishishe y Bambo ocurrió una que costó la vida a 131 personas, según Naciones Unidas, y la huida de unas 400.000 personas ante el avance de los milicianos, que llegaron a las puertas de Goma, capital regional, han provocado una grave crisis entre los gobiernos de la RDC y Ruanda, a quien el presidente congoleño, Félix Tshisekedi, acusa directamente de estar detrás del M23.
No es la primera masacre que sufre esta región, particularmente castigada por la violencia y la presencia de decenas de grupos armados de diferente signo, pero sí una de las peores de las que se tiene constancia en los últimos años. El M23, de mayoría tutsi, asesinó a 102 hombres, 17 mujeres y 12 niños en Kishishe y Bambo entre el 29 y el 30 de noviembre pasados, según una investigación preliminar de Naciones Unidas, que asegura que todos ellos fueron “ejecutados arbitrariamente por disparos o por arma blanca”. Otras 60 personas fueron secuestradas y 22 mujeres y cinco niñas violadas. Posteriormente, los propios milicianos enterraron los cuerpos en fosas comunes cavadas por los vecinos a punta de fusil.
El informe de la ONU
Elaborado a partir de los testimonios de personas que lograron escapar hasta Rwindi, donde hay una base de la Monusco, la misión de Naciones Unidas en el Congo. El M23 niega los hechos y asegura que solo ocho civiles fallecieron por “balas perdidas”. Sin embargo, el Gobierno congoleño eleva la cifra de muertos a 272. El Ejército, así como milicianos mai mai y las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR), de mayoría hutu, se enfrentan desde marzo al M23, pero no lograron impedir su entrada en Kishise y Bambo. En todo caso, esta masacre es una nueva llamada de atención hacia un conflicto que ha provocado más de cinco millones de muertos desde 1996, según un estudio de la ONG International Rescue Committee, y se ha reactivado este año.
“El olvido de este conflicto por parte del resto del mundo es muy doloroso”, asegura Justine Kashara, activista congoleño procedente de Goma, “y estos días lo hemos visto especialmente con la invasión del M23 de nuestro territorio. respondieron positivamente.
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