El Gobierno de Ucrania ha instado a sus aliados a visibilizar su apoyo a Kiev ante una posible nueva invasión rusa. El ministro de Defensa, Oleksiy Reznikov, ha solicitado a Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá que envíen instructores y equipos de entrenamiento a la línea del frente de la guerra del Donbás. “Su presencia aquí sería una buena señal para los rusos”, ha dicho Reznikov. Ucrania, que ha recibido información de los servicios de espionaje de sus aliados. Ha acusado a Rusia de concentrar numerosas tropas a lo largo de sus fronteras y en la península ucrania de Crimea. Anexionada por Moscú en 2014 con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional, en preparación para una posible ofensiva militar a gran escala.
Cuando todos los ojos están puestos en el presidente ruso, Vladímir Putin, y su videoconferencia este martes con su homólogo estadounidense, Joe Biden, el líder ucranio, Volodímir Zelenski, ha insistido este lunes en que sus Fuerzas Armadas son capaces de luchar contra cualquier ataque de Moscú. “El Ejército ucranio confía en su fuerza y es capaz de frustrar cualquier plan de conquista del enemigo”, ha dicho el presidente Zelenski en una visita para conmemorar el Día de las fuerzas armadas a la región de Donetsk y a la línea del frente del conflicto con los separatistas prorrusos, que reciben el apoyo político y militar del Kremlin. Unas 14.000 personas han muerto en la guerra del Donbás, la última guerra de Europa.
Zelenski ha insistido
En que querría tener un diálogo directo con Putin sobre el conflicto del este de Ucrania, algo que el Kremlin ha descartado. Rusia asegura que no tiene nada que ver con lo que define como una “guerra civil”, pese a que un buen número de informes de servicios de espionaje de Occidente y de entidades especializadas han trazado no solo el apoyo militar a los separatistas de las autodenominadas “repúblicas populares” de Lugansk y Donetsk sino también transferencias de armamento.
Kiev, que ha reclamado a la OTAN y a la UE sanciones “disuasorias” contra Rusia —que se sumarían a las ya impuestas por Washington y Bruselas a Moscú por anexionarse ilegalmente la península de Crimea, pero que no han tenido mucho efecto en el apetito expansionista de Putin—, también ha instado a la Alianza Atlántica a acelerar su adhesión, algo que es una clara línea roja para Moscú. Su entrada en la alianza militar (de la que España forma parte). Sin embargo, no parece cercana: Kiev tiene todavía que hacer una serie de reformas sustanciales en materia de defensa.
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