Hay verdades lógicas que son innegables: hacer ejercicio es agotador. Y el cansancio facilita conciliar el sueño. Sin embargo, realizar ejercicios antes de dormir puede, a veces, tener el efecto contrario. Esta realidad es corroborada por experiencias personales; en un tiempo, asistí a clases de kickboxing al menos dos noches a la semana. Estas sesiones eran tan intensas que, tras culminarlas, me encontraba ansioso por descansar. A las 8:30 p.m. ya estaba duchado y preparado, pero a las 11:30 p.m. me encontraba en la cama, plenamente despierto y lleno de energía no deseada.
La conexión entre el ejercicio y el sueño es compleja. Para entender mejor esta dinámica, se debe considerar dos factores esenciales: la intensidad y la regularidad del entrenamiento. Según el experto en sueño, Profesor Kevin Morgan, quien fundó la Unidad Clínica de Investigación del Sueño en la Universidad de Loughborough, muchos atletas de élite no disfrutan del profundo descanso que se esperaría de ellos.
“Los atletas duermen mal, y los atletas de élite son los que menos bien duermen”, afirma Morgan. “El camino hacia un buen sueño no implica entreno intensivo como el de un atleta de élite”. La recomendación sobre cuándo ejercitarse antes de dormir ha evolucionado; antes se consideraba apropiado evitar el ejercicio intenso tres horas antes de ir a la cama, pero ahora se ha observado que actividades más suaves se pueden realizar en horarios mucho más cercanos a la hora de dormir.
Morgan aclara que, si se planea una intensa carrera de 10K, no es recomendable hacerlo una hora antes de irse a dormir, ya que podría llevar a su cuerpo aproximadamente ese tiempo para enfriarse. En cambio, un ejercicio más ligero no tendría efectos adversos.
Otro experto, Johan Meurling, un médico consultor de sueño y respiración en el NHS Trust de Guy’s y St Thomas’ en Londres, señala que una de las razones por las cuales el ejercicio puede dificultar el sueño está relacionada con nuestro sistema nervioso simpático, el cual es responsable de la respuesta de “lucha o huida”. Esta línea de investigación sugiere que la relación entre el ejercicio y el sueño no es sencilla, sino que varía de acuerdo a múltiples factores.
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