Los visitantes de la nueva instalación de Natasha Tontey en el histórico Ateneo Veneto se encuentran con un espectacular ascenso por una rampa, acercándose a los cuerpos contorsionados de la obra Cycle of Purgatory, pintada por Jacopo Palma il Giovane en el siglo XVII. Este entorno, bañado en una intensa luz roja, ofrece una entrada al mundo surrealista de Tontey, donde se representa de manera única la transformación espiritual y física a través de unos guerreros mutantes de notoria musculatura.
La pieza, titulada The Phantom Combatants, fue comisionada por la Fundación LAS, con sede en Berlín, y el Amos Rex de Helsinki. La narrativa se centra en Len Karamoy, una mujer que fue parte de Permesta, un movimiento de resistencia financiado por la CIA, que opera en norte de Sulawesi, Indonesia, entre 1957 y 1961. En la interpretación de Tontey, Karamoy se embarca en una búsqueda de venganza contra su amante, conocido como el Photographist, cuya deserción debilita al movimiento en su lucha contra el gobierno central. A lo largo de 22 minutos, los guerreros participan en rituales que los hacen mutar, fortalecerse y multiplicarse.
Sin embargo, encasillar la obra en una simple narrativa sería un error; representa una exploración campy y fantástica de la autonomía y la resistencia, resonando tan profundamente con la actualidad como con la época que aborda. Esta instalación es la tercera de la serie Macho Mystic Meltdown y fusiona sistemas de creencias indígenas, tecnología contemporánea y la estética de las películas de serie B, planteando preguntas que persisten mucho después de que los espectadores regresen a la luz del día.
Tontey destaca que la figura de Karamoy ha sido ignorada en gran parte de la historia, que ha puesto el foco en su esposo, Jan Timbuleng, el modelo para el Photographist. Durante su investigación, Tontey se dio cuenta de que Karamoy emergía en las conversaciones con veteranos y ancianos como un ser casi sobrenatural. La obra busca reubicar la perspectiva de Karamoy, interrogando las tensiones dentro de la historia y la cultura indonesia. Al igual que Karamoy, Tontey es parte del grupo indígena minahasan, cuyos ancestros abrazaban ideas que eran “no heteronormativas y no darwinianas”, pero que han sido invadidas por conceptos masculinos extremos a lo largo del tiempo. Esta dicotomía se refleja en la apariencia exagerada de sus guerreros.
Entre las imágenes, se observa a Karamoy empuñando una pareja de pistolas plateadas, evocando el estilo de los spaghetti westerns. Tontey recuerda que uno de los mensajes críticos de The Phantom Combatants es la complejidad del pasado, resaltando que su trabajo, influenciado por su amor por los videojuegos, las telenovelas indonesias y la serie de ciencia ficción The Twilight Zone, no busca la pulcritud típica del cine de Hollywood.
Sin embargo, la obra también aborda temas serios, como la solidaridad en la comunidad, representada por uno de sus personajes, un chamán que desafía los ideales masculinos heroicos y demuestra que el poder no siempre necesita manifestarse a través de la fuerza física. Adicionalmente, Tontey toma un enfoque más serio respecto a la tecnología, incorporando herramientas utilizadas en la vigilancia militar, como imágenes infrarrojas, para crear un espacio artístico y temático. Su intención es explorar cómo estos sistemas visuales y políticos pueden categorizar y malinterpretar el cuerpo humano, cuestionando qué ocurre cuando la tecnología se enfrenta a un elemento que no puede ser capturado por completo.
Esta mirada crítica hacia un presente marcado por la guerra y la violencia tecnológica se revela como un modo de hablar sobre estas luchas inacabadas, además de resistencias anticoloniales y la invisibilidad de las mujeres en la historia militar. De este modo, la obra busca invitar a los espectadores a repensar las narrativas de poder.
La instalación en el Ateneo Veneto, antigua iglesia de confraternidad que ahora sirve como academia de ciencia, literatura y artes, agrega una capa adicional al contexto. Con su enfoque en las obras de Palma il Giovane, Tontey se esfuerza por activar y subvertir las tradiciones artísticas, haciendo que los visitantes interactúen con imágenes cargadas de significado.
Kieran Long, director del Amos Rex, comenta sobre el futuro del arte, que se visualiza como híbrido y multidisciplinario, existiendo en espacios públicos. Bettina James, de la Fundación LAS, elogia cómo Tontey incorpora tecnologías contemporáneas de manera lúdica, reflejando así los cambios en la sociedad actual.
A medida que la instalación se exhibe, es evidente que The Phantom Combatants no solo representa un viaje a través de un pasado a menudo ignorado, sino que también desafía a los espectadores a reimaginar las realidades del mundo moderno.
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