Jared Cooney Horvath, un destacado neurocientífico y exmaestro, ha alzado la voz en un contexto educativo cada vez más inquietante. En medio de crecientes llamados a restringir el uso de teléfonos inteligentes en las escuelas y regular las redes sociales para menores de 16 años, Horvath sostiene que la tecnología educativa está perjudicando el aprendizaje y desarrollo de los niños en las aulas.
Según Horvath, desde principios del siglo XXI, el rendimiento académico de los jóvenes ha comenzado a declinar. A partir del año 2000, los puntajes de coeficiente intelectual en occidente se han desplomado, incluso cuando el tiempo de escuela ha aumentado. Con una industria educativa tecnológica que genera aproximadamente 6.5 mil millones de libras anuales en el Reino Unido y un asombroso 400 mil millones de dólares en EE. UU., Horvath advierte que esta dependencia excesiva de dispositivos digitales podría tener consecuencias negativas.
Señala que, aunque la pandemia de COVID-19 obligó a las instituciones a adaptarse a modelos digitales, muchos colegios no revertieron esta tendencia después de la crisis. En EE. UU., el 88% de los distritos escolares ahora ofrecen computadoras a cada estudiante, y el impacto de esta digitalización es motivo de preocupación.
Las investigaciones, incluidas las del programa de evaluación de estudiantes internacionales (PISA), revelan patrones alarmantes: a medida que los estudiantes pasan más tiempo usando dispositivos digitales en la escuela, sus resultados tienden a ser peores. En particular, aquellos que utilizan computadoras más de seis horas al día obtienen puntajes considerablemente más bajos que sus compañeros que no las usan.
Sin embargo, la discusión no es tan sencilla. Expertos en el campo, como Rose Luckin, de la UCL Knowledge Lab, advierten contra la interpretación simplista de los datos, sugiriendo que si bien Horvath identifica preocupaciones válidas sobre la educación tecnológica, no todo el material educativo digital produce efectos negativos. Luckin argumenta que la moderada utilización de dispositivos puede, de hecho, estar asociada con mejores resultados en comparación con no usar dispositivos en absoluto.
Daisy Christodoulou, directora de No More Marking, también se ha mostrado cautelosa. Aunque reconoce que la sociedad ha sido algo despreocupada respecto al impacto de estas tecnologías, se muestra optimista sobre el potencial de ellas en la educación secundaria. Por otro lado, Dylan Wiliam, profesor emérito de evaluación educativa, enfatiza que no se puede establecer una relación causal clara entre la tecnología y el rendimiento académico, citando estudios que muestran tanto efectos positivos como negativos.
La pregunta crucial que queda en el aire es: ¿bajo qué circunstancias la tecnología realmente mejora el aprendizaje? Las respuestas son complejas y la necesidad de investigaciones más profundas es evidente. A medida que la tecnología se convierte en un pilar de la educación moderna, es vital que los educadores y responsables de políticas consideren cuidadosamente cómo y cuándo se debe implementar para beneficiar a los estudiantes.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

