Las redes sociales Facebook e Instagram, ambas integradas en Meta, la compañía de Mark Zuckerberg, permitirán a los usuarios de algunos países (Armenia, Azerbaiyán, Estonia, Georgia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Rusia, Eslovaquia y Ucrania) la difusión de mensajes de odio e incitación a la violencia contra los soldados rusos, siempre que no sean prisioneros, en el contexto de la invasión de Ucrania, según ha informado la agencia Reuters, citando correos internos de la empresa estadounidense. Los mensajes podrán incluir deseos de muerte para el presidente ruso, Vladímir Putin, o contra el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko. La reacción rusa a esta información ha sido inmediata y ha bloqueado parcialmente el acceso a Instagram este viernes tras abrir una investigación penal para determinar si Meta es una “organización extremista”.
Las redes de Meta
Son enormemente populares en Rusia. Facebook ha copado el canal de comunicación de empresas, Instagram se ha convertido en la red social más usada y WhatsApp se ha hecho con 77 millones de usuarios, casi el doble que la rusa Telegram. La agencia rusa Interfax, citando a fuentes de la Fiscalía, afirma que cualquier sanción contra Meta no afectaría a WhatsApp porque está considerada “un medio de comunicación y no una red social”.
La compañía estadounidense ha modificado durante esta etapa de la guerra sus normas sobre mensajes de odio, según los correos internos enviados por Meta a los moderadores de contenido: “Como resultado de la invasión rusa de Ucrania, hemos permitido temporalmente formas de expresión política que normalmente alterarían nuestras reglas, como el discurso violento o de muerte a los invasores rusos”, explican los correos enviados por Meta a los moderadores de contenido. La excepción a esta permisividad son los mensajes contra Putin y Lukashenko que incluyan otros objetivos.
Rusia ha condenado con firmeza este cambio del gigante digital
Ha reclamado a Estados Unidos que detenga las “actividades extremistas” que atribuye a Meta. “Los usuarios de Facebook e Instagram no dieron a los propietarios de estas plataformas el derecho a determinar los criterios de qué constituye la verdad ni a enfrentar a las naciones entre sí”, aseguran las autoridades rusas en un mensaje difundido en Twitter. Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, advirtió que este giro de Meta podría resultar en la adopción de “una medida más decisiva para terminar con las actividades de esta compañía”. Poco después se ha producido la intervención: la Fiscalía rusa ha pedido que se declare “extremista” a Meta, lo que permite bloquear sus redes y juzgar a sus empleados.
Meta justifica su decisión de permitir mensajes que, según reconoce, “de otro modo se eliminarían bajo la política de discurso de odio”. “Estamos haciendo esto porque hemos observado que en este contexto específico [la guerra de Ucrania], la fórmula ‘soldados rusos’ está siendo utilizada como representativo de Ejército ruso”. No obstante, se seguirán eliminando los mensajes genéricos contra “rusos” en general.
Internet, un campo de batalla
Este enfrentamiento es una escalada más en la guerra en las redes, que ya ha supuesto enormes limitaciones para Facebook y Twitter en Rusia en un intento del Kremlin de controlar el relato de la invasión de Ucrania, algo que el Gobierno de Putin intenta reducir a una “operación especial”. La respuesta de la Unión Europea se ha traducido en el bloqueo del acceso a medios financiados por el Kremlin como RT y Sputnik.
Rafael Rodríguez Prieto, profesor de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, considera que “todas las potencias trabajan con técnicas de desinformación y tienen en internet otro campo de batalla”. En este sentido, aunque reconoce que las redes sociales tienen algunas virtudes, pueden ser también “un factor de desinformación, de desestabilización y de limitación del debate desde el punto de vista de la deliberación democrática”.
Ante las restricciones impuestas en la UE
A los medios rusos, Rodríguez Prieto advierte de su limitada eficacia: “Se puede limitar el efecto propagandístico de una televisión que se considere que está claramente vinculada a un determinado Estado o a un determinado Gobierno, pero es más difícil delimitar el grado de propaganda que se puede diseminar por otra vía y por otros medios”.
Sobre la influencia de las redes, cree que fue Putin el primero en utilizarlas como elemento de desestabilización: “Nosotros lo hemos tenido aquí. Putin fue un factor desestabilizador en España con el apoyo a los separatistas en Cataluña a través de muy diferentes medios, que no eran el mecanismo de tradicional de una televisión, un periódico o una radio, sino de una manera que, ahora, en el mundo actual, puede ser mucho más eficiente, a través de internet”.
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