La evolución de los medios de comunicación ha sido un tema recurrente a lo largo de los años, poniendo de manifiesto cómo un medio puede desplazar a otro en el consumo del público. Un ejemplo emblemático es la famosa canción que proclamaba: “Video killed the radio star”, una reflexión sobre cómo la televisión cambiaría el panorama mediático. Hoy, encontramos un escenario similar, pero en lugar de la televisión, el reto proviene de los nuevos medios digitales.
La televisión abierta sigue siendo uno de los medios más consumidos en México, sin embargo, la llegada de servicios de streaming gratuitos financiados por publicidad está redefiniendo el paisaje mediático. En un análisis de datos, se señala que entre 2021 y 2024, la proporción de mexicanos que consumían televisión abierta se redujo en siete puntos porcentuales. Plataformas como YouTube, Pluto TV y Tubi han capturado una parte significativa de la audiencia, demostrando que, aunque la TV tradicional no ha sido completamente reemplazada, sí ha visto un deslizamiento en su posición.
El carácter multiplataforma de los servicios digitales es un factor crucial en este cambio. Permiten el acceso a contenido en dispositivos diversos, desde teléfonos hasta televisores inteligentes, aumentando así su atractivo. Innovaciones como la televisión digital terrestre (TDT) y la multiprogramación han llegado a un país donde la demanda por televisión abierta ya empezaba a fragmentarse. Este crecimiento en oferta coincidió con una lenta migración de la audiencia hacia alternativas más diversas.
Por otro lado, la televisión de paga también atraviesa un momento complicado, con una merma en suscriptores que se atribuye a la competencia de plataformas como Netflix, Disney+ y HBO, que han adaptado sus modelos para incluir eventos en vivo y transmisiones deportivas, atrayendo así a audiencias que anteriormente eran exclusivamente de la TV de paga.
Asimismo, la radio enfrenta un panorama similar, particularmente por el surgimiento de servicios como Spotify, que ofrecen versiones gratuitas con publicidad y que replican, en cierta medida, la experiencia de la radio tradicional. Aunque algunos podrían argumentar que estas plataformas no compiten directamente debido a la regulación específica a la que están sujetas, esta distinción se torna irrelevante tanto para los consumidores como para los anunciantes, dado que todos buscan captar la misma atención limitada del público.
No es posible ignorar que, a pesar de que los medios digitales exigen conectividad a internet, los medios tradicionales también requieren cierta infraestructura, como antenas y decodificadores, configurando un campo de competencia donde todos luchan por captar la atención de los usuarios.
Este cruce de caminos presenta desafíos regulatorios que no pueden ser pasados por alto. Es crítico que las autoridades avancen hacia esquemas de neutralidad competitiva, evitando una carga regulatoria diferenciada que no refleje la competencia actual. La necesidad de una regulación justa es resaltar, especialmente en contextos como el de los servicios de transporte, donde se han observado conflictos por modelos de negocio similares operando bajo normas distintas.
Si no se actúa en esta dirección, el riesgo de reproducir conflictos como los que han afectado a la industria del transporte es alto. Las diferencias regulatorias deben ser reconsideradas para adaptarse a la realidad del mercado, donde los medios digitales y tradicionales coexisten y compiten de manera más cercana de lo que se podría suponer. La evolución del consumo mediático seguirá siendo un tema crucial en la agenda de políticas públicas y en el análisis del impacto de la tecnología en nuestras vidas.
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