Los metales preciosos han arrancado el año 2026 con un renovado impulso, mostrando un espectacular desempeño que ha generado un notable interés entre los inversores. Este resurgimiento llega tras un periodo de caídas al final del año anterior, impulsado por el incremento de tensiones geopolíticas y las expectativas de recortes en las tasas de interés en Estados Unidos.
En la mañana del 2 de enero, el oro al contado experimentó un ascenso del 1.7%, alcanzando los 4,386.99 dólares por onza, luego de haber tocado un máximo histórico de 4,549.71 dólares a finales de diciembre. Este repunte es significativo considerando que, recientemente, el metal había caído a mínimos de dos semanas. Igualmente, los futuros del oro estadounidense para entrega en febrero subieron un 1.3%, cotizando a 4,399.50 dólares por onza.
Analistas como Lukman Otunuga, de FXTM, han señalado que este inicio positivo sugiere una recuperación de los alcistas en un contexto marcado por el riesgo geopolítico y la anticipación de tasas de interés más bajas este año. Todo esto compone un escenario atractivo para los inversores, especialmente en momentos donde los activos que no generan interés típicamente rinden mejor en entornos de tasas de interés reducidas.
La demanda física de oro también ha mostrado una repuntante actividad, con el metal negociándose con prima en centros económicos relevantes como India y China, algo que no ocurría desde hace aproximadamente dos meses. Esta tendencia se debe a una corrección en los precios, lo que ha incentivado compras minoristas.
En 2025, el lingote dorado registró un impresionante aumento del 64%, marcando su mayor alza anual desde 1979. Este auge fue impulsado por las políticas monetarias de la Reserva Federal, las tensiones en el ámbito internacional, y un notable incremento en las compras por parte de los bancos centrales y las tenencias de fondos cotizados en bolsa (ETF).
Los analistas proyectan que al menos dos recortes de tasas de la Reserva Federal, de un cuarto de punto, están en el horizonte para este año. Este tipo de políticas monetarias tienden a favorecer los activos no relacionados con intereses y contribuyen al atractivo del oro en períodos de incertidumbre económica.
Por su parte, la plata ha seguido una trayectoria ascendente, avanzando un 4.5% hasta alcanzar los 74.43 dólares la onza, después de haber registrado un máximo histórico de 83.62 dólares. El platino también se unió a esta tendencia, con un aumento del 3.7%, alcanzando los 2,130.44 dólares, tras tocar un máximo de 2,478.50 dólares. Ambos metales se encuentran en el umbral de sus mejores desempeños anuales, con la plata liderando las ganancias al reportar un impresionante aumento del 147%. Este crecimiento es atribuible a su categorización como mineral crítico para Estados Unidos, la escasez de oferta y los bajos inventarios, factores que han alimentado tanto la demanda industrial como la de inversión.
En definitiva, el inicio del 2026 presenta un panorama optimista para los metales preciosos, reflejando no solo la resiliencia del oro y la plata, sino también la adaptación de los inversores ante un entorno global cambiante.
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