Cuando la selección nacional masculina de fútbol de México juega en Los Ángeles, la multitud suele ser monumental. Durante el encuentro de marzo, en el que el equipo dirigido por Javier Aguirre superó a Panamá 2-1, más de 68,000 aficionados se reunieron en el SoFi Stadium, estableciendo un récord como el número más alto de asistencia para El Tri en el recinto. Sin embargo, la situación tomó un giro alarmante el 14 de junio, cuando la asistencia a su partido de la Copa Oro contra la República Dominicana cayó a 54,309 espectadores, casi 10,000 menos que el promedio habitual durante el último año.
Este descenso en la asistencia no se debió a la falta de emoción por el equipo, sino a un contexto social marcado por las redadas federales de inmigración que se llevaron a cabo durante la administración de Trump. La población mexicana en Estados Unidos, que tradicionalmente llena los estadios para sentirse más conectada con su país y su cultura, se sintió insegura. Paco Rubén, fundador de Cielito Lindo, un grupo de aficionados que respalda al equipo, mencionó cómo el deseo de asistir al juego se vio ensombrecido por el temor a las redadas. “No importa si tienes documentos o no, solo queremos sentir que estamos en México por un día y vivir esa fiesta”, compartió en una entrevista.
La noche del 14 de junio fue significativamente diferente. Antes del partido, el precio de las entradas, que rondaban los $75, se redujo en el mercado de reventa a menos de $30. Los hinchas que normalmente llenan los asientos decidieron no asistir en señal de solidaridad con los afectados por las redadas. Rubén y su grupo no fueron los únicos; otros aficionados también cancelaron eventos previos al partido, que suelen ser esenciales en su experiencia de juego.
La desconfianza creció en torno a la posible presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los partidos. Aunque la seguridad en el SoFi Stadium fue la habitual, la ansiedad se mantuvo, exacerbada por afirmaciones de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. que inicialmente prometieron estar “equipados y listos” para ese evento deportivo. La preocupación se intensificó cuando la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, instó a las autoridades estadounidenses a no realizar acciones migratorias durante el evento, resaltando así la gravedad del contexto.
Las decisiones de los aficionados reflejan una lucha más grande en su vida diaria, donde incluso asistir a un evento deportivo se convierte en un acto de valentía. La comunidad teme por su seguridad y por el bienestar de sus familias, un sentimiento que, lamentablemente, parece prolongarse en un ambiente político tenso.
A medida que la Copa Oro avanza y el equipo busca retener su título, la ausencia de grupos de hinchas como Cielito Lindo es un indicativo de que la pasión deportiva se ve afectada por desafíos más allá del campo de juego. La comunidad mexicana en EE. UU. espera que el clima de temor se disipe pronto, deseando poder celebrar juntos en los grandes eventos que se acercan, incluyendo la Copa Mundial de 2026 que se llevará a cabo junto a EE. UU. y Canadá. A medida que se aproxima la fecha, el anhelo de unidad, celebración y comunidad persiste entre los aficionados al fútbol, a pesar de las pruebas a las que se enfrentan.
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