México, coanfitrión de la Copa Mundial de la FIFA 2026, se presenta ante el mundo en un panorama económico radicalmente distinto al de hace cuatro décadas, cuando fue sede del Mundial de 1986 durante una de las crisis más severas de su historia. En aquel entonces, el país enfrentaba una aguda crisis inflacionaria, con una economía dependiente del petróleo, una situación que muchos analistas habían advertido durante años.
La inflación fue un problema mayúsculo. En 1986, el Índice Nacional de Precios al Consumidor se disparó a un 105.7%, mientras que el tipo de cambio controlado alcanzó un incremento del 148%, cerrando el año a 923.5 pesos por dólar. Esto contrastaba con el clima global, donde Japón se cimentaba como la segunda economía más fuerte mientras México se hundía en la desesperación tras desastres como el devastador terremoto de 1985 y la explosión en San Juan Ixhuatepec.
A pesar de que se tomaron medidas para mitigar la caída en los ingresos petroleros y se intensificó la apertura del comercio exterior, la economía sufrió severas contracciones. Los ingresos petroleros, que en 1986 representaban un amplio porcentaje de los ingresos del gobierno, pronto se verían diezmados, contribuyendo a un colapso en las finanzas públicas.
Hoy, México ha recorrido un largo camino hacia la diversificación de su economía. Si en 1986 los ingresos petroleros constituían alrededor del 36.8% de los ingresos gubernamentales, para 2025 esa cifra se redujo a menos del 15%. En comparación con el pasado, los reservas internacionales son significativamente mayores, y el país plantea un futuro con una mayor estabilidad de precios. Sin embargo, la realidad económica también presenta desafíos considerables.
En 2026, las cifras indican que la economía mexicana aún se encuentra en un estancamiento. En el primer trimestre del año, el crecimiento fue de solo 0.1% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Las expectativas de crecimiento son modestas, en torno al 1.3%. A pesar de tener un menor peso de los ingresos petroleros en la economía, el país aún se debate entre el avance y retroceso, con un déficit en la cuenta corriente registrado de 15,878 millones de dólares.
A la vista de todos, la actividad económica se muestra esperanzadora en algunos sectores, con un notable crecimiento en el sector comercio y servicios, que creció un 1.5% en 2025, pero la industria se contrajo en -1.1% debido a la caída en la construcción y manufactura. Mientras tanto, el consumo ha demostrado ser un componente resistente, apoyando la base económica nacional.
Por lo tanto, mientras el mundo se prepara para el evento deportivo más celebrado, la nación debe lidiar con su historia, su presente y los retos que se vislumbran en el horizonte económico. El balón está a punto de rodar en los estadios, pero el futuro económico de México necesita más que un buen desempeño en el campo para caminar hacia un crecimiento sostenible y robusto.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

