En el panorama del comercio internacional de acero, México y Canadá han experimentado una notable disminución en su participación en las importaciones de Estados Unidos en 2025. Este retroceso se debe en parte a los aranceles de represalia impuestos por las aduanas canadienses sobre el acero estadounidense, mientras que México ha optado por no aplicar medidas similares. Las importaciones de artículos de acero en EE. UU. alcanzaron un valor de 22,849 millones de dólares ese año, marcando una disminución del 21% respecto a 2024 y excluyendo los derivados del acero.
El análisis de los datos revela que la participación canadiense en este mercado cayó, pasando del 23% al 18%, equivalente a 4,541 millones de dólares. En contraste, México vio su cuota disminuir del 11% al 9%, lo que se traduce en 2,233 millones de dólares. Esta reducción en las cifras ha desatado un intenso debate sobre las políticas comerciales y su impacto en la economía de Norteamérica.
Desde septiembre de 2025, Estados Unidos aplica aranceles bajo la Sección 232 al acero y el aluminio que cumplen con los estándares del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). A la par, Canadá ha impuesto un arancel del 25% a las importaciones estadounidenses de estos metales, sumando un valor de 15,600 millones de dólares canadienses (aproximadamente 11,000 millones de dólares estadounidenses). Esta tensión comercial ha llevado a sectores empresariales en EE. UU. a expresar preocupaciones sobre las consecuencias para los fabricantes estadounidenses. Un análisis del Congreso sostiene que, aunque algunos productores abogan por los aranceles para estimular la producción, el impacto negativo sobre otros fabricantes es innegable.
En abril de 2026, la administración del presidente Donald Trump introdujo cambios significativos en las políticas arancelarias. Se comenzó a imponer un arancel sobre el valor total de los bienes, y se contempló la eliminación de aranceles sobre ciertos derivados. Se estableció también un cargo del 10% a los derivados que contienen un 95% de acero y aluminio de origen estadounidense, además de simplificaciones en los requisitos de cumplimiento, planteando un posible alivio para algunos fabricantes que habían sido afectados por estas políticas.
Sin embargo, los cambios no se detuvieron ahí. En junio de 2026, Trump revisó estas medidas, ampliando la lista de productos con tarifas reducidas hasta 2027 y disminuyendo aranceles sobre determinadas importaciones de socios comerciales. El umbral de contenido para los derivados que lleven metales de EE. UU. fue modificado a un 85%, lo que refleja una continua evolución de la política comercial estadounidense.
Estas dinámicas en el comercio del acero subrayan no solo la complejidad de las relaciones económicas entre los países norteamericanos, sino también las tensiones inherentes que pueden afectar la producción nacional y el equilibrio del mercado. Con estas cifras recientes, el futuro de la importación de acero en Estados Unidos se presenta incierto y lleno de desafíos, tanto para las economías de México y Canadá, como para la propia industria estadounidense.
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