El 16 de junio se celebra el Día Internacional de las Remesas Familiares, una fecha que destaca la considerable influencia de los migrantes al enviar recursos económicos a sus lugares de origen. A lo largo de la última década, las remesas han alcanzado cifras asombrosas de 5 billones de dólares a nivel global, ayudando no solo a sostener a las familias, sino también a financiar aspectos fundamentales como la educación, la salud, la vivienda y proyectos productivos.
En el contexto mexicano, las remesas representan cerca del 5% del consumo nacional, convirtiéndose en una fuente crucial de ingresos para millones de personas, particularmente en comunidades vulnerables y rurales. Sin embargo, el actual contexto genera preocupación, ya que el Banco de México ha reportado una disminución del 12.1% en las remesas recibidas en abril, que alcanzaron los 4,761 millones de dólares. Este es el segundo mes consecutivo de caídas en un momento en que las condiciones migratorias en Estados Unidos se han vuelto más restrictivas. Además, se discute una propuesta para introducir un impuesto del 3.5% a las remesas enviadas por trabajadores indocumentados, lo que tendría un impacto directo en los migrantes mexicanos, quienes representan el 37% de la fuerza laboral migrante de origen mexicano en EE.UU.
Datos de Naciones Unidas destacan que las remesas han superado a la ayuda oficial al desarrollo y a la inversión extranjera directamente en muchas naciones. Se proyecta que para 2030, podrían fluir 4.4 billones de dólares adicionales hacia países de ingresos bajos y medios. En el marco de la campaña 2025 del Día Internacional de las Remesas, se sostiene la necesidad de maximizar su impacto al promover la inclusión financiera, facilitar el acceso a servicios digitales y dirigir parte de estos fondos hacia el ahorro, la inversión y la resiliencia climática.
Aunque comúnmente las remesas se utilizan para cubrir necesidades inmediatas, hasta una cuarta parte de estos ingresos se destina a objetivos a largo plazo, incluyendo la educación, la salud, la compra de vivienda y la inversión en pequeños negocios. Por ello, la caída en las remesas tiene repercusiones económicas significativas, desde un aumento en la morosidad de créditos personales hasta una reducción en la demanda de vivienda, afectando de manera particular a las regiones que dependen de estos ingresos.
El Banco de México ha alertado que gravar las remesas podría suponer un retroceso en términos de inclusión financiera y incentivar el uso de canales informales para el envío de dinero. Análisis sugiere que la implementación de este nuevo impuesto podría reducir en hasta 2,000 millones de dólares anuales el flujo de dinero desde Estados Unidos hacia México.
Este año, la llamada de las organizaciones internacionales se centra en disminuir los costos de envío, fomentar la inversión de la diáspora y promover políticas coherentes que aseguren que estos flujos sigan contribuyendo al desarrollo local. Por lo tanto, en este Día Internacional de las Remesas Familiares, la atención no solo se dirige a reconocer su valor, sino también a protegerlas como un derecho económico fundamental de quienes laboran fuera del país y como un recurso esencial para la economía nacional.
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