La electrificación del automóvil es una tendencia que continúa su marcha ascendente. A pesar de una reciente desaceleración, en gran parte provocada por el cambio de políticas en Estados Unidos, el mercado ha comenzado a estabilizarse y a crecer nuevamente en regiones como Europa y Asia. Este fenómeno también se siente en México, aunque con un ritmo que varía debido a factores vinculados principalmente con la política pública, más que con la tecnología.
De acuerdo con el barómetro de la Asociación de Electromovilidad (EMA), en el primer semestre de 2026 se registraron 53,430 vehículos eléctricos, híbridos enchufables y de rango extendido vendidos en México, reflejando un crecimiento del 22% en comparación con el mismo período de 2025. De este total, 22,236 unidades fueron completamente eléctricas, mientras que 31,063 fueron híbridos enchufables. Estos números representan poco más del 7% del mercado total de vehículos ligeros en el país, que alcanzó su mejor primer semestre en la historia con 754,394 unidades vendidas.
Sin embargo, la comparación con Brasil resulta preocupante. While Brasil ha registrado un crecimiento en la adopción de vehículos eléctricos, subiendo al 10% en 2026, México podría apenas alcanzar el 4% si no se implementan cambios significativos. La falta de una estrategia clara y el escaso apoyo hacia la electrificación son aspectos que están comenzando a dejar atrás a México frente a otros países en desarrollo.
La transición hacia la electrificación del transporte, que inicialmente se centró en la necesidad ambiental de reducir emisiones, se ha complicado por recientes cambios en políticas de países líderes. En Estados Unidos, se retiraron incentivos clave para la compra de vehículos eléctricos, lo cual ha afectado la motivación tanto para los consumidores como para los fabricantes.
Por otro lado, China ha logrado avances notables desde 2018, alcanzando un 50% de vehículos eléctricos e híbridos en su parque vehicular. Este impulso ha sido respaldado por una caída en los costos de producción y un ambiente favorable para la adopción de estas tecnologías. Comparativas similares nos muestran que países como Tailandia y Vietnam han adoptado un ritmo acelerado, también impulsando el mercado eléctrico.
Otro preocupante aspecto para la industria automotriz mexicana es su dependencia de Estados Unidos, que exporta cerca del 80% de su producción автомóvil. La predilección por vender vehículos de combustión interna a un mercado que aún no adopta la electrificación puede alejar a futuras inversiones que prioricen esta tecnología en otras latitudes.
Al acercarse el año 2030, la Asociación de Electromovilidad lanza un ambicioso desafío: elevar la electrificación al 50% del mercado. Sin embargo, una meta más alcanzable podría ser un 30%. Para lograrlo, es esencial que se establezca una estrategia nacional clara en materia de movilidad eléctrica, algo que actualmente se encuentra en el limbo.
El papel del gobierno es crucial. Las naciones que han liderado en la adopción de vehículos eléctricos han implementado mecanismos claros de adopción y beneficios estructurales, lejos de políticas prohibicionistas. En contraste, en México, existe el riesgo de que se eliminen incentivos que han sido vitales para el crecimiento del sector.
Además, el progreso de la infraestructura de carga es notable, con más de 60,934 conexiones públicas y privadas reportadas hasta junio de 2026, un incremento del 55% en el último año. Sin embargo, la regulación vigente no parece estar acompañando este crecimiento, lo que representa un desafío adicional.
Finalmente, la industria automotriz mexicana tiene el potencial y los recursos para convertirse en líder en electrificación, pero esto depende en gran medida de un cambio de rumbo y de una mayor atención por parte de las autoridades. Si el país no se alinea a las nuevas demandas del mercado, podría quedar rezagado frente a naciones que ya están tomando decisiones estratégicas a favor de la electrificación. La pregunta, entonces, es clara: ¿estará México dispuesto a tomar el control y garantizar su lugar en el futuro del transporte?
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