Las relaciones entre México y Perú atraviesan un momento de máxima tensión, y las esperanzas de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, por mejorar estos vínculos con el nuevo mandatario peruano, José María Balcázar, parecen desvanecerse rápidamente. Desde la elección de Balcázar, quien proviene del mismo partido que el expresidente Pedro Castillo, el gobierno mexicano había albergado la ilusión de que sería posible restablecer un diálogo constructivo. Sin embargo, los acontecimientos indican que la situación sigue estancada.
La crisis bilateral se intensificó tras el asilo otorgado por México a la ex primera ministra de Castillo, encarcelada tras un fallido intento de golpe de Estado. Este hecho, que llevó a Perú a romper las relaciones diplomáticas con México, ha obstaculizado cualquier intento de acercamiento. En su conferencia matutina, Sheinbaum reconoció que no ha habido avances por parte del nuevo presidente para restaurar la relación, expresando decepción ante un panorama que no promete cambios a corto plazo.
A un mes y medio desde que Balcázar asumió el cargo, sigue sin haber avances significativos. En medio de un clima electoral, Perú se prepara para elecciones generales que definirán a su próximo presidente, lo que complica aún más la situación. En medio de esta incertidumbre, la mandataria mexicana ha reiterado su apoyo a las aspiraciones de Castillo, quien fue condenado a más de 11 años de prisión por conspiración.
El exfuncionario, quien intentó establecer un gobierno de excepción, no solo enfrentó la resistencia de las Fuerzas Armadas, sino que también sufrió el desdén del Congreso peruano cuando fue declarado persona “non grata” en 2023. Esta hostil dinámica entre ambos países se ha visto exacerbada por las tensiones personales entre Sheinbaum y la mandataria peruana Dina Boluarte, lo que ha llevado a una escalada de enfrentamientos diplomáticos.
Desde enero, la embajada de México en Perú ha sido representada por Brasil, en un intento de salvaguardar los intereses mexicanos en un contexto tan complicado. Las ausencias en eventos diplomáticos, como la cumbre Asia-Pacífico en 2024, reflejan un distanciamiento significativo entre los gobiernos.
A pesar de los desafíos políticos, ambas mandatarias han expresado deseos de mantener el vínculo con el pueblo peruano, una relación que, aunque afectada, continúa existiendo. Las elecciones en Perú podrían representar una nueva oportunidad para reenfocar los lazos en el ámbito institucional, mientras el futuro de la relación bilateral sigue en una encrucijada.
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