El estancamiento de la economía mexicana se ha acentuado de forma notable al inicio del año 2026, con un informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) que revela una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) del 0,8% durante el primer trimestre. Este retroceso pone de manifiesto un parón en el crecimiento económico que afecta a todos los sectores productivos del país, situando a México, la segunda economía más grande de América Latina, en una encrucijada difícil.
El contexto actual se ve marcado por las tensiones arancelarias provocadas por el Gobierno de Donald Trump y la incertidumbre que rodea la renovación del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC). Además, la caída de la inversión y el debilitamiento de diversas instituciones han generado un clima de desconfianza en el ámbito económico. A pesar de que en términos anuales el PIB ha crecido ligeramente un 0,2%, los números del primer trimestre muestran descensos preocupantes en los sectores fundamentales: una caída del 1,4% en las actividades primarias, un descenso del 1,1% en el sector secundario, y una contracción del 0,6% en las actividades terciarias.
Estos datos no sólo reflejan el estado de la economía, sino que también se manifiestan en el empleo, donde se ha visto un bajo ritmo en la generación de trabajos formales y un incremento en la informalidad laboral. Desde 2023, el PIB no ha superado el 1% en crecimiento trimestral, cerrando el 2025 con un modesto aumento del 0,8%. A pesar del reconocimiento por parte del Gobierno mexicano de los factores externos que afectan el crecimiento, la Secretaría de Hacienda ha calificado estos obstáculos como transitorios, sosteniendo que los fundamentos macroeconómicos del país son sólidos.
Las proyecciones gubernamentales para 2026 apuntan a un crecimiento del PIB entre 1,8% y 2,8%. Sin embargo, en las últimas semanas, la situación se ha agravado aún más debido al aumento de la inflación, que alcanzó un 4,59% en marzo, impulsada por el alza de los precios de los energéticos en medio de conflictos en Oriente Medio.
Expertos como Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco BASE, advierten que México está atrapado en una trampa de estancamiento económico, producto del debilitamiento institucional, la caída de la inversión fija y el incremento en la informalidad. Pese a este panorama sombrío, algunos analistas consideran que podría haber espacio para la recuperación en el transcurso del año. Joan Domene, economista jefe para América Latina de Oxford Economics, sostiene que la contracción observada es temporal y que la economía podría reactivarse en el segundo trimestre, impulsada por el sector servicios antes de la Copa Mundial de la FIFA.
En respuesta a esta desaceleración, el Gobierno mexicano ha implementado diversas estrategias para reactivar la economía, incluyendo acuerdos con sectores productivos que buscan estimular la inversión. Según expertos, estas medidas podrían empezar a rendir frutos en los próximos meses. Se anticipa que en el segundo semestre de 2026, la economía retome una senda moderada de crecimiento, apoyada por la recuperación de la inversión pública y privada, un consumo privado revitalizado y una expansión sostenida de las exportaciones debido a una posición arancelaria más favorable en Estados Unidos.
La situación económica de México es, sin duda, preocupante, pero no carece de oportunidades para avanzar hacia un futuro más próspero. La clave estará en cómo se gestionen y superen los desafíos actuales, en un entorno que sigue siendo incierto y complejo.
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