México enfrenta una situación crítica en sus relaciones comerciales internacionales, especialmente con Estados Unidos y Canadá. Aunque han habido esfuerzos por cumplir con acuerdos establecidos, la realidad es que la calidad de esas relaciones deja mucho que desear. En cuanto a América Latina, Asia y Europa, el comercio ha quedado estancado, lo que genera un panorama poco alentador.
Analizando la relación con Estados Unidos, hay que reconocer que México ha tomado acciones significativas en temas que son de interés para el país vecino, como la migración y el comercio informal con Asia, particularmente con China. Actualmente, el flujo de migrantes que intenta cruzar a Estados Unidos se estima entre 9,000 y 10,000 personas, un notable descenso comparado con las cifras de 300,000 de años anteriores.
Este control migratorio es en parte resultado de medidas implementadas durante la administración de Donald Trump, que incluyeron la militarización de la frontera y un enfoque estricto en los procesos de asilo. Sin embargo, también se ha generado tensión debido a una política que ha visto el aumento de aranceles de hasta el 50% en productos provenientes de China, un punto donde México no ha logrado posicionarse favorablemente.
Con la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) a la vista, el riesgo para México se incrementa. La transición del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al T-MEC trajo consigo nuevas condiciones que han sido difíciles de manejar. Donald Trump ha mostrado interés en renegociar aspectos, poniendo énfasis en temas de inseguridad y el narcotráfico. Esto, sumado a sus comentarios sobre la posibilidad de negociar por separado con Canadá, coloca a México en una posición vulnerable.
Además, la relación con Canadá se ha tensado por cuestiones medioambientales relacionadas con las operaciones de las mineras canadienses en México. A pesar de que Claudia Sheinbaum ha intentado acercar posturas a través de reuniones con el primer ministro canadiense, Mark Joseph Carney, estas gestiones no han tenido el impacto esperado.
Si la negociación se lleva a cabo de manera unilateral, México podría encontrarse en un escenario desventajoso, dado que se enfrenta a problemas como la falta de certeza jurídica, la disminución de inversiones en energías renovables y una deuda histórica en cuanto al suministro de agua, regulado por un tratado de 1944 con Estados Unidos.
Con más del 80% de su comercio dependiendo de su relación con Estados Unidos, México no puede darse el lujo de descuidar sus relaciones comerciales con Europa y América Latina. Sin embargo, las políticas públicas actuales parecen ir en dirección opuesta, aumentando la incertidumbre en lugar de promover un clima de confianza y desarrollo. Es esencial que se establezcan bases sólidas que favorezcan un crecimiento estable y sostenible en el futuro.
Esta situación es urgente y requiere la atención tanto de las autoridades como del sector empresarial, para asegurar que México se encuentre en una posición más robusta para enfrentar los desafíos del comercio exterior.
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