Durante la reciente Conferencia de la ONU sobre los Océanos, un total de 95 naciones han manifestado su apoyo a la creación de un tratado global ambicioso que aborde la alarmante contaminación por plásticos en los océanos. Este significativo número de países, que representa a más de la mitad de los 170 Estados involucrados desde 2022 en las negociaciones sobre el tema, exige un compromiso firme para reducir la producción y el consumo de plásticos primarios, estableciendo objetivos sostenibles.
Lena Estrada, ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, subrayó la urgencia de la situación, afirmando que es esencial enviar un mensaje claro y firme: “No aceptaremos cualquier tratado basado en falsas soluciones”. Su declaración resuena con la posición de otros ministros presentes, como la secretaria mexicana de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, quien destacó la importancia del acuerdo firmado como un potente símbolo en la lucha contra la crisis oceánica.
Bárcena, a través de su cuenta de X, reiteró el momento apremiante que enfrenta la humanidad: “No tenemos tiempo para modestias graduales, debemos crear la acción colectiva audaz para enfrentar la crisis oceánica”. Este llamado a la acción enfatiza la necesidad de medidas decisivas en un contexto donde las negociaciones sobre un tratado vinculante se reanudarán en Ginebra a principios de agosto, tras una última sesión que resultó infructuosa en Busán, Corea del Sur, debido a la resistencia de ciertos países productores de petróleo.
La situación es crítica, ya que la producción global de plásticos ha experimentado un crecimiento explosivo, aumentando de 2 millones de toneladas en 1950 a 413.8 millones en 2023. Actualmente, más del 80% de los residuos acuáticos corresponden a plásticos. Cada año, millones de toneladas de este material contaminante llegan a los océanos, afectando no solo la vida marina, sino también la cadena alimentaria y, en última instancia, la salud humana a través de microplásticos.
Los desafíos son significativos, pero la comunidad internacional parece estar comenzando a unir fuerzas para abordar esta crisis global. La adopción de un compromiso firme para regular la producción de plásticos es un paso crucial hacia la preservación de nuestros océanos y el bienestar del entorno global.
Esta información, aunque contextualizada en el marco del 10 de junio de 2025, sigue siendo relevante en la lucha continua contra la contaminación por plásticos. La urgencia de actuar no ha disminuido, y cada vez más voces se suman a la demanda de un cambio real y significativo.
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