El creciente reconocimiento de los activos intangibles está transformando la manera en que las empresas en México pueden acceder al financiamiento y generar valor. Según un inminente reporte de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), este fenómeno no es meramente una tendencia, sino una realidad económica que demanda atención inmediata.
Históricamente, los activos intangibles representaban una proporción marginal en los balances de muchas empresas, pero su relevancia ha aumentado sustancialmente en el contexto actual. La OMPI ha resaltado que, en 2025, la inversión global en activos intangibles superó los 10 billones de dólares, evidenciando un crecimiento 3.6 veces más rápido que el de los activos tangibles desde 2008. Esto plantea una reflexión profunda sobre el verdadero valor de estos activos y su potencial para respaldar el financiamiento empresarial.
A pesar de contar con una legislación adecuada y un sistema de registro de patentes, marcas y diseños industriales, México enfrenta un reto significativo: la regulación y capacidades institucionales no son suficientemente robustas para monetizar estos activos. Actualmente, solo algunas marcas reconocidas logran capitalizar su propiedad industrial, normalmente en circunstancias excepcionales como fusiones o quiebras. Esta situación revela un desaprovechamiento alarmante del potencial económico acumulado a lo largo de más de un siglo de protección de la propiedad industrial.
Un estudio de Brand Finance ha demostrado que el valor conjunto de las diez principales marcas mexicanas asciende a aproximadamente 50 mil millones de dólares. Sin embargo, esta riqueza no se traduce aún en un acceso efectivo al financiamiento, dado que tanto el sector bancario como las empresas carecen de un enfoque organizado para la gestión de activos intangibles. La regulación financiera, además, no contempla explícitamente estos activos como colateral.
Dentro de este marco, dos acciones fundamentales surgen del estudio. Primero, es esencial ajustar el Registro Único de Garantías Mobiliarias para permitir una mejor captura del valor de los activos intangibles. En segundo lugar, se debe crear una oferta de productos financieros en las entidades de banca de desarrollo y el sector privado que permita a las empresas acceder a financiamiento utilizando sus activos intangibles como garantías. Esto no solo requerirá una mejora en la valuación y gestión de dichos activos, sino también la creación de conciencia en el sector financiero sobre su utilidad.
La conclusión de este análisis es clara: no se trata únicamente de un defecto normativo, aunque sí se requieren ajustes en la reglamentación, sino de la necesidad de articular esfuerzos entre diversos actores. Fortalecer el mercado secundario de activos intangibles es crucial, no solo para permitir su uso en el financiamiento, sino también para revalorar el legado de innovación que ha caracterizado a México.
El aprovechamiento de la riqueza generada por años de creación y registro de derechos puede abrir nuevas oportunidades en mercados y sectores que hoy permanecen inexplorados, generando así un valor añadido considerable. En esta nueva era económica, la capacidad de las empresas para utilizar sus activos intangibles podría ser la clave para su crecimiento y éxito sostenido.
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