La llegada de la mariposa monarca a México se ha convertido en uno de los fenómenos naturales más destacados del país, admirado por su belleza y por la importancia ecológica que representa. Sin embargo, no siempre fue así. En Angangueo, una pequeña localidad en el Estado de Michoacán, los habitantes consideraban a estas majestuosas mariposas como una plaga que invadía sus bosques cada año. Esta percepción cambió radicalmente con el descubrimiento de sus santuarios de hibernación en la década de 1970.
El punto de inflexión llegó gracias al apasionado trabajo del fotógrafo e investigador Jaime Maussan. A finales de la década de 1970, inspirado por una reveladora publicación de la revista National Geographic en 1976 que mostraba millones de mariposas agrupadas en los árboles, Maussan inició una extensa investigación. A pesar de que se sabía que las mariposas migratorias debían hibernar en algún lugar del Eje Neovolcánico, que abarca partes de Michoacán y el Estado de México, el sitio exacto seguía siendo un misterio.
Durante casi cinco décadas, el científico Fred Urquhart había dedicado su carrera a rastrear la migración de la mariposa monarca. Sin embargo, el lugar preciso de su hibernación permanecía desconocido. Con las imágenes de la revista como guía, los investigadores comenzaron a recorrer montañas y comunidades, en busca del sagrado refugio de estos insectos. En 1977, tras una expedición al Cerro Pleón, detectaron vestigios que confirmaban la presencia de mariposas, lo que les llevó a adentrarse en Angangueo un año después, donde finalmente encontraron los santuarios en enero. Maussan recordó con emoción ese momento; era un lugar prácticamente inexplorado, y los habitantes aún creían que se trataba de una plaga.
Al hacerse evidente la importancia de este hallazgo, se inició una campaña para dar a conocer el fenómeno y proteger la zona. Los ríos de información permitieron que en 1982 el gobierno mexicano, liderado por el presidente López Portillo, implementara medidas de protección para los santuarios. Sin embargo, Maussan admitió que en un primer momento decidieron no revelar el lugar para respetar el trabajo de Urquhart, aunque con el tiempo se dieron cuenta de que la omisión dejaba el sitio vulnerable ante la tala de bosques.
El fenómeno de la mariposa monarca no solo ha suscitado el interés local; también ha sido un símbolo de la biodiversidad y la necesidad de conservación en México. La visibilidad y el respeto ganados desde su descubrimiento han sido fundamentales para resguardar no solo a las mariposas, sino también a los ecosistemas que dependen de ellas. Esta historia continúa desafiándonos a apreciar y proteger nuestra rica herencia natural.
(Actualización: datos corresponden a 2026-04-13 10:41:00).
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