La ciudad del río Dniéper todavía no ha recibido el fuego del invasor. Las tropas rusas han fortificado sus posiciones en la orilla oriental, a tan solo un kilómetro del núcleo urbano. Mikolaiv se prepara contra el reloj un corredor humanitario para socorrer Jersón, ahora que esta será la línea cero de la guerra en esta parte del frente, donde la artillería de ambos bandos golpeará sin cesar.
“No sabemos qué hará el ejército ruso, pero lo más probable es que nosotros y Odesa recibamos una tercera ola de refugiados de Jersón”,
El Estado Mayor ucranio estimó el pasado verano que por lo menos la mitad de sus habitantes habían huido de la ciudad, pero que el número será mayor porque Rusia ha obligado en el último mes una evacuación masiva que, según indicaron en su momento las autoridades ocupantes, fue de 60.000 personas. El Gobierno ucranio denuncia que miles de estos ciudadanos han sido desplazados contra su voluntad a territorio ruso o a Crimea, la península ocupada por Rusia desde 2014.
Un portavoz del Alto Mando de las Fuerzas Armadas Ucranias en el Sur detalló a este diario que la prioridad de sus tropas es asegurar el perímetro en Jersón y tras ello, un corredor de ayuda desde Mikolaiv, por el que accederían servicios médicos, material de emergencia y alimentos para pasar el invierno, además de los equipos de reparación de la red eléctrica, de la calefacción y de telefonía móvil. “Tenemos a mucha gente desesperada de Jersón que quiere volver a su ciudad y a las zonas liberadas, y todavía no puede ser porque primero hay que limpiar la zona de minas”, apunta Falko.
El viernes por la noche, frente a la ópera de Odesa, un centenar de habitantes de Jersón, refugiados en la capital portuaria de Ucrania, celebraban la retirada rusa. Uno de ellos era Igor Horianinov, de 26 años. Él y su mujer preveían regresar a su casa en “uno o dos meses”. Preguntado por si temía que Jersón se convirtiera en un lugar inhabitable en caso de estar permanentemente bombardeada, Horianinov daba por sentado que eso sucedería, pero que igualmente volvería. La mayor parte del grupo hablaba en ruso, pero ante la presencia del periodista algunos participantes pedían que cambiaran al ucranio: “Hablar ruso, nunca más”, gritaba una joven que había perdido su hogar.
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