En una noche de penumbra sobre los tejados de Tel Aviv, se presenta “NAZA”, un documental impactante realizado por los directores israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor. Esta obra reúne las voces de 24 agentes de inteligencia y soldados, quienes cuentan de manera anónima su experiencia y papel tras los brutales atentados de Hamas del 7 de octubre de 2023, que cobraron la vida de 1,200 personas. Este evento desató una operación bélica sin precedentes que ha dejado más de 73,000 palestinos muertos en Gaza, una situación que sus entrevistados describen como “genocidio”.
El documental se basa en una rigurosa investigación por parte del diario británico The Guardian y se caracteriza por su perspectiva fría y crítica, entrelazando testimonios desgarradores con el sonido y las imágenes de Tel Aviv. El término “NAZA” se refiere, en el lenguaje militar israelí, a los daños colaterales en las operaciones, creando un contraste entre la tecnología bélica moderna y el sufrimiento humano que provoca.
Mientras se presenta este relato, se destaca la coincidencia con el 80º aniversario del Holocausto en Israel. Un militar comparte que, aunque los nazis eran “el diablo”, se cuestiona su propia identidad en el contexto actual. Esta reflexión se torna más potente al observar que el poder destructivo desplegado por el ejército israelí hace eco de patrones de deshumanización que resuenan desde eventos pasados trágicos.
A medida que avanza el relato en “NAZA”, los soldados describen el sofocante engranaje de una tecnología militar que transforma la guerra en algo similar a un videojuego. Recoger información a través de los teléfonos móviles de los gazatíes sospechosos de ser parte de Hamas se convierte en rutina. A medida que los objetivos se amplían a los edificios donde habitan, la discusión sobre los “naza” —ciudadanos inocentes como mujeres, niños y ancianos— se diluye en el proceso. Aquí, se introducen infames “juegos del hambre”, donde la desesperación de la población es tratada como un recurso en la escalada de violencia.
Los testimonios ofrecidos revelan cómo los efectos psicológicos de sus acciones persiguen a estos individuos, a pesar de su aparente insensibilidad. Algunos hablan de la adrenalina de la guerra y de cómo, aunque se les ofreció ayuda psicológica, no la consideraron necesaria. Este análisis minucioso, a la vez que perturbador, muestra que el dolor y el sufrimiento son solo parte de un engranaje mucho más complejo.
Rachel Szor, una de las directoras, aclara que el propósito de “NAZA” no es solo presentar hechos, sino desafiar la negación de la violencia sistemática contra los palestinos. El reconocimiento de que los crímenes del estado deben ser develados es central para el mensaje del documental. A pesar de los detractores y las acusaciones de antisemitismo que enfrentan quienes critican a Israel, los productores defienden su derecho a señalar estas violaciones.
A medida que se contempla la memoria del Holocausto, la compleja relación de Israel con su pasado se presenta como una carga en la lucha actual por los derechos palestinos. Al final, “NAZA” otorga un espacio para que las víctimas, aunque no estén físicamente presentes en el documental, queden siempre en la memoria, instando a la búsqueda de justicia y una reflexión crítica sobre el impacto del conflicto.
Mientras se presenta esta potente pieza en diversos festivales de cine, la obra invita a cuestionar la narración recibida y a tomar conciencia sobre las atrocidades que siguen ocurriendo, haciendo hincapié en la necesidad urgente de abordar la violencia sistemática en el contexto de la ocupación y la historia compartida de sufrimiento.
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