#MissTailandia #ReynaDeLaBasura | “Soy una persona que creció en un basurero”, explicó Miss Tailandia, más allá de sentirse acomplejada por su pasado, la modelo narra un poco sobre su dura niñez provocando emociones frágiles en el mundo. Su padre era recolector de basura, su madre era barrendera y la familia vivía en una de las barriadas más humildes de Bangkok. La propia niña tenía que buscar entre la basura botellas de plástico para recolectar y ayudar con unos bats (moneda nacional de Tailandia) a la precaria economía familiar. Sueangam-iam también fregaba baños públicos, donaba sangre cada semestre y comía las sobras del comedor de unas monjas budistas. Ella siempre soñó con ser reina de la belleza pero, debido a su situación, sus compañeros se burlaban de ella, apodándola “la reina de la basura”.
Miss Tailandia compartió con el jurado y con sus compañeras y los convirtió en parte del relato con el que presentarse en el concurso. En la competición preliminar, celebrada el pasado 11 de enero en Nueva Orleans, Estados Unidos, la modelo salió al escenario con un vestido metalizado y brillante. El diseño podría recordar a aquellos que puso de moda el diseñador Paco Rabanne en los sesenta, reivindicados a principios de los dosmil por figuras como Kate Moss o Paris Hilton.
Pero el traje encerraba otro mensaje: estaba fabricado con anillas de latas engarzadas con cristales de Swarovski. “Este vestido se inspiró en el entorno familiar de mi infancia”, explicó Sueangam-iam en su cuenta de Instagram, que acaba de alcanzar el medio millón de seguidores. “Al crecer con padres recolectores de basura, mi infancia transcurrió entre montones de desechos. Este vestido único fue confeccionado a propósito con materiales desechados y reciclados, para mostrar al universo que lo que muchos consideran sin valor, en realidad posee su propio valor y belleza”. El vestido de anillas de latas pasó a convertirse en otra cosa. En un símbolo y un potente gancho mediático que le ha valido a la portadora el premio ImpactWayv por su impacto social del certamen, así como una gran visibilidad.
El concurso de belleza Miss Universo ha perdido relevancia en los últimos años, acusado de cosificar a las mujeres y representar una serie de valores caducos y anticuados. Para paliar este cambio en su percepción social, después de 70 ediciones, el año pasado se le intentó dar un cambio de enfoque. En octubre de 2022 fue adquirido por la magnate y activista transgénero tailandesa Anne Jakapong Jakrajutatip, que lo ha comprado por 20 millones de dólares (más o menos la misma cantidad en euros, al cambio actual) con el objetivo de hacer la organización más “inclusiva y que celebre a las mujeres de todo perfil, cultura y tradición”.
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