Piero Quispe, mediocampista de los Pumas de la UNAM, ha estado en el centro de la conversación en los últimos días, aunque no precisamente por su desempeño deportivo. Mientras las expectativas en torno a su llegada al fútbol mexicano se mantenían altas, la realidad en la cancha ha sido otra. Su rendimiento ha quedado por debajo de lo esperado, y en medio de ese bajo perfil futbolístico, su nombre ha comenzado a sonar con más fuerza por asuntos extracancha.
La polémica se desató cuando Olenka Mejía, modelo, empresaria y abogada peruana, reveló públicamente que mantenía una relación sentimental con el futbolista. Pero la historia no quedó ahí. A través de sus redes sociales, Mejía fue más allá y responsabilizó directamente a Quispe por cualquier situación que pudiera afectarla a ella o a su entorno cercano. La declaración encendió las alarmas y captó la atención mediática.
Según relató la modelo en sus historias de Instagram, ha sido víctima de intentos de hackeo a su cuenta personal y ha recibido amenazas vía WhatsApp desde números desconocidos. Estas acciones la llevaron a señalar al jugador como presunto responsable de cualquier consecuencia que pudiera surgir.
Por su parte, Quispe ha optado por el silencio. No ha emitido ninguna declaración sobre las acusaciones ni sobre la situación personal que lo rodea. Mientras tanto, su nivel dentro del campo sigue siendo cuestionado. Desde su arribo a México, el joven mediocampista ha tenido dificultades para consolidarse y encontrar su mejor versión con la camiseta auriazul. Las miradas siguen puestas en él, pero no por sus jugadas ni por sus asistencias, sino por un escándalo que amenaza con opacar su carrera.
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