El 24 de marzo de 2026, un ataque aéreo con drones rusos golpeó el centro histórico de Lviv, en el oeste de Ucrania, causando daños significativos a varios edificios, entre ellos un monasterio del siglo XVII que forma parte de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Este ataque dejó al menos 27 personas heridas, según el alcalde de la ciudad.
En una declaración emitida el 25 de marzo, la UNESCO expresó su profunda preocupación por los impactos de estas acciones sobre el patrimonio cultural, enfatizando la necesidad de proteger estos sitios. En particular, el monasterio Bernardine, conocido por su arquitectura de estilo manierista diseñada por arquitectos italianos, fue golpeado durante una campaña masiva de ataques aéreos por parte de Rusia, que representa su ofensiva más prolongada desde la invasión a gran escala que comenzó en febrero de 2022.
Imágenes compartidas en redes sociales mostraron drones acercándose a Lviv y llamas alrededor de la iglesia de San Andrés, ubicada dentro del complejo del monasterio. Este sitio, que fue designado como Patrimonio Mundial en 1998, fue añadido recientemente a la lista de Patrimonio en Peligro.
En el contexto de su campaña militar, Rusia lanzó casi 1,000 drones y misiles en un solo día, provocando múltiples muertes en diversas ciudades ucranianas. Este ataque ha sido descrito como indicativo de un cambio en la estrategia militar, ya que muchas de las ofensivas se llevaron a cabo durante el día, a diferencia de las tácticas nocturnas previas que apuntaban a la infraestructura energética del país.
Sin nombrar específicamente a Rusia, la UNESCO instó a todas las partes involucradas a evitar acciones que pudieran dañar la propiedad cultural. Ucrania, a su vez, ha señalado que muchos de los drones utilizados en el ataque fueron diseñados en Irán, lo que ha generado críticas agudas por parte del presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, quien describió el ataque como un acto de barbarie.
Posteriormente, el Ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, utilizó su plataforma en redes sociales para instar a los organizadores de la Bienal de Venecia a reconsiderar la participación de Rusia, destacando los devastadores efectos de los ataques en el patrimonio cultural ucraniano. Su mensaje, acompañado por imágenes del incendio en el monasterio, subrayó la gravedad de la situación y la urgencia de no normalizar la agresión.
La situación en Lviv y con respecto a su patrimonio cultural sigue siendo crítica, representando no solo un conflicto militar, sino también un ataque a la identidad cultural de un país. La comunidad internacional observa con atención, mientras el futuro del patrimonio protegido se encuentra en juego ante la continua agresión.
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