Desde muy temprano en la mañana del Jueves Santo, el Centro Histórico de Morelia vivió una transformación significativa, atrayendo a numerosas familias que deseaban ser parte de una de las representaciones más emblemáticas de la Semana Santa: la escenificación de la Última Cena. Este año, la Plaza Melchor Ocampo fue el escenario elegido, permitiendo que la avenida Madero quedara libre para el tránsito peatonal, lo que facilitó una mayor afluencia de asistentes.
El ambiente de la jornada fusionó recogimiento y expectación, agravado por un cielo que acompañó el desarrollo de los eventos. La representación comenzó con un intenso debate entre los fariseos, quienes deliberaban sobre el futuro de Jesús de Nazaret. Este inicio dio paso rápidamente a uno de los momentos más tensos: la traición de Judas Iscariote, quien, tras aceptar las 30 monedas de plata, selló con su traición la suerte de Jesús.
La escena central se desarrolló durante la Última Cena, un acto lleno de simbolismo en el que Jesús compartió el pan y el vino con sus apóstoles, instituyendo así lo que para la fe católica representa el origen de la Iglesia. La representación incluyó además el emotivo lavatorio de pies, donde Jesús lavó incluso los pies de Judas, un gesto que subrayó los valores de humildad y servicio.
La narrativa avanzó hacia el huerto de Getsemaní, donde Jesús, en profunda oración, aceptó su destino. La escena culminó con su captura, escenificada mediante la llegada de soldados romanos y el icónico beso de Judas, que selló su detención.
La apertura de este evento estuvo a cargo del arzobispo de Morelia, José Armando Álvarez Cano, quien formalizó la inauguración de las actividades del día. Al concluir la representación, uno de los sacerdotes organizadores extendió una cordial invitación a la ciudadanía para participar en las actividades del Viernes Santo, que incluyen el Viacrucis, la crucifixión y, por la noche, la emblemática Procesión del Silencio, la cual celebra este año un notable medio siglo de tradición ininterrumpida.
Esta jornada no solo reafirmó la vocación religiosa de Morelia, sino que también puso de manifiesto la capacidad de adaptación logística para mantener vivas las tradiciones, sin sacrificar el sentido espiritual que las fundamenta. En un contexto donde las tradiciones cobran vida, los eventos de esta Semana Santa se consolidan como un pilar cultural y espiritual, capturando la atención y el interés de la comunidad.
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