La lucha libre en Morelos no es solo un espectáculo; es una tradición viva que une a familias y amigos cada fin de semana. La pasión en el ring, la entrega de los luchadores y la algarabía del público hacen de cada función una experiencia inolvidable.
Actualmente, varias empresas mantienen encendida esta llama: la Alianza Nacional de Lucha Libre (ANLL), Producciones Internacionales de Lucha Libre Alemán (PILLA), Luchamanía, Agrupación de Independientes y La Fraternidad de Damián (FDD). Esta última cuenta con un recinto fijo, la Arena Juan Jaramillo Frikas, ubicada junto al parque Cri-Cri. Las demás se presentan en diferentes sedes, lo que implica que los aficionados deben estar atentos a las funciones para ver a sus ídolos, ya sea cerca o lejos de casa.

Pero hubo un tiempo en que Cuernavaca tuvo su catedral del pancracio: la inolvidable Arena Isabel. Fundada en 1953 sobre el Bulevar Juárez, en pleno centro de la ciudad, esta arena albergó a los grandes del cuadrilátero. Cada jueves, la emoción se apoderaba de los asistentes que hacían fila desde temprano, mientras el aroma a cacahuates, habas, mollejas, patas de pollo, chicharrones y tacos dorados creaba un ambiente de fiesta.
La Arena Isabel fue testigo del talento local con gladiadores como El Barón Siniestro, Zokar, El Comodín, Anubis, Drako, Euforiko y Nahual, entre muchos otros. Pero también recibió a íconos nacionales e internacionales como El Hijo del Santo, Atlantis, Último Guerrero, L.A. Park, Dr. Wagner Jr. y Místico. Un personaje especial fue Norberto Salgado, mejor conocido como Pierroth Jr., originario de Cuernavaca, quien se convirtió en uno de los rudos más temidos del país.

Además de la lucha libre, la “Chabela” —como la llamaban con cariño— también fue escenario de peleas de box y conciertos. Lamentablemente, en diciembre de 2009, fue demolida y hoy su lugar lo ocupa un gimnasio particular.

A quienes alguna vez cruzamos sus puertas, nos queda la nostalgia y las fotografías como testigos de una época dorada. Sin embargo, las nuevas generaciones de luchadores y promotores mantienen vivo el legado. Porque en Morelos hay talento de sobra, y la lucha libre —reconocida ya como Patrimonio Cultural— sigue tan presente como siempre en el corazón del estado.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


