Moscú fue objeto de un ataque con drones de gran envergadura que tuvo como objetivo la refinería petrolera MNPZ, según lo declarado por el alcalde de la ciudad, Serguéi Sobianin, el 18 de junio de 2026. La situación se tornó crítica, ya que las fuerzas de defensa aérea trabajaron arduamente para repeler dicho ataque, aunque varios drones lograron impactar en la instalación industrial clave.
Sobianin comunicó a través de Telegram que se estaban implementando medidas para manejar las consecuencias del ataque, sin proporcionar detalles sobre posibles daños a la refinería, que se encarga de más de un tercio de las necesidades de combustible de Moscú. Posteriormente, se destacó que la defensa aérea rusa había logrado destruir 52 drones durante el conflicto aéreo.
El ataque generó una alerta en uno de los principales aeropuertos de la capital, Sheremétievo, que fue levantada horas después. Sin embargo, la autoridad de aviación rusa, Rosaviatsiya, informó que, como medida de seguridad, todos los vuelos en los aeropuertos de Moscú habían sido suspendidos temporalmente.
Las cifras son alarmantes; las autoridades reportaron la destrucción de 180 drones ucranianos en el área de Moscú, un indicativo de la escalada del conflicto entre las fuerzas rusas y ucranianas. Esta situación se da en medio de la visita del presidente ruso, Vladimir Putin, quien se encontraba recibiendo a líderes asiáticos en una cumbre en Kazán.
Días antes, el 16 de junio, otro ataque con drones ucranianos había causado un incendio en la misma refinería MNPZ, evidenciando el creciente enfoque de Kiev en atacar instalaciones energéticas rusas, intentado así desestabilizar el flujo económico del Kremlin y limitar el financiamiento de su campaña militar.
Desde que comenzó el conflicto en febrero de 2022, Rusia ha realizado ofensivas casi diarias contra Ucrania, estampando jets y misiles, mientras que Ucrania ha intensificado sus ataques en los últimos meses, centrados en instalaciones de crudo y centros de exportación. Esta dinámica de ataques resalta una nueva fase del conflicto que promete profundas repercusiones para ambos países.
Con la tensión al máximo y el escenario internacional observando de cerca, las cronologías de estos enfrentamientos sugieren un camino incierto, donde la lucha por el control energético se convierte en un campo de batalla tan crucial como las propias fronteras. Esta escalada reciente marca un punto álgido en una guerra que continúa redefiniendo las realidades geopolíticas de la región y del mundo.
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