Josefina Molina, cineasta pionera y emblemática figura del audiovisual español, falleció el sábado en Madrid a los 89 años. Su legado es fundamental para comprender la historia del cine, la televisión y el feminismo en España, destacando como una de las voces más influyentes de su generación.
Nacida en Córdoba en 1936, en plenos inicios de la Guerra Civil española, Molina cultivó desde temprana edad su pasión por la literatura y el cine. A los quince años, una proyección de “El río” de Jean Renoir despertó en ella el deseo de desafiar los límites que la sociedad impuso sobre las mujeres de su tiempo. Esta determinación la llevó a fundar una compañía de teatro y a colaborar en programas de análisis cinematográfico antes de ingresar a la Escuela Oficial de Cine, donde en 1969 se convirtió en la primera mujer en graduarse en dirección. Este hito marcó un antes y un después en la historia del audiovisual en España.
Su carrera en Televisión Española comenzó paralelamente a sus estudios, y su adaptación de “La metamorfosis” de Franz Kafka en 1968 consolidó su prestigio en el medio. A esto le siguieron notables adaptaciones de obras literarias, como “El camino”, basada en la novela de Miguel Delibes, y la emblemática serie “Teresa de Jesús”, que ofrecía una mirada innovadora y feminista sobre la figura de la santa, escrita junto a Carmen Martín Gaite y Víctor García de la Concha.
El debut cinematográfico de Molina llegó en 1973 con “Vera, un cuento cruel”, un thriller psicológico. Sin embargo, fue en 1981 cuando realmente se catapultó hacia el reconocimiento internacional con “Función de noche”, una obra que fusionó el documental y la ficción para explorar la vida de los actores Lola Herrera y Daniel Dicenta tras el fracaso de su matrimonio. Esta obra fue reconocida como una de las mejores producciones del cine español, posicionándose entre las diez mejores en un análisis reciente de las últimas cinco décadas.
A lo largo de su carrera, Molina defendió vehemente la importancia de que las mujeres tuvieran la oportunidad de contar sus propias historias. Reiteradamente afirmó que en sus películas siempre había un personaje femenino que luchaba contra la opresión. Esta convicción la llevó a ser una figura destacada en la promoción de la igualdad de género en la industria audiovisual. En 2006, fundó la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), una organización que presidiría honoríficamente y que se ha convertido en un referente por la igualdad de oportunidades en el sector.
Su trayectoria fue ampliamente reconocida, recibiendo algunos de los más altos galardones de la cultura española, como el Goya de Honor en 2012, convirtiéndose en la primera directora en alcanzar este galardón. Además, fue galardonada con la Medalla de Oro al Mérito de Bellas Artes y ocupó la dirección de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
La muerte de Josefina Molina deja un vacío en el panorama cultural español. Su valentía y compromiso permitieron que las voces femeninas se alzaran en una industria predominantemente masculina, lo que marca un legado imperecedero en la evolución cultural y social de la democracia en España.
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