“El mundo necesita a gente como Vivienne para cambiar a mejor”. Así termina el comunicado, vía Instagram, con el que su equipo anunciaba el fallecimiento de la diseñadora, que ha muerto en Clapham, Londres, a los 81 años, “en paz y rodeada de su familia”. Y lo cierto es que Vivienne es de las pocas personas de las que se puede decir que, efectivamente, cambió el mundo. No se conformó con ser, para el gran público, la madrina del punk. Durante los cincuenta años posteriores, Westwood fue pionera en crear una moda feminista desde el revisionismo histórico y , ante todo, una de las primeras en mirar de frente a la sostenibilidad y denunciar públicaente los devastadores efectos que esta industria genera en el planeta.
Nacida en una familia de clase obrera, inició un curso de diseño de joyería a los dieciséis años que tuvo que dejar al no poder costeárselo. Cuando se casó con Derek Westwood, a los 21, trabajaba como profesora de primaria pero se diseñó ella misma su vestido novia. No era común que una mujer ostentara un negocio de moda a finales de los sesenta, mucho menos una mujer nacida en una familia con recursos limitados. Pero Westwood estaba en el lugar adecuado en el momento oportuno: Londres entre el cambio de década, de los sesenta a los setenta, una ciudad que entonces era casi un laboratorio de ideas, de ideas que, además, venían de la calle. Así que cuando conoció a Malcolm Mclaren, un joven relacionado con la política, la música y la intelectualidad local, dejó a su marido y se embarcó en una aventura que hoy es ya historia de la moda.
Juntos crearon, en 1971, Let it rock, un pequeño local en King’s road donde Mclaren reparaba discos y Westwood ropa de segunda mano. Poco a poco, las ideas del movimiento situacionista, del que ambos eran adeptos, fueron integrándose en sus diseños provocadores. Fue entonces cunado la indumentaria victoriana, la estética bondage o los lemas nihilistas empezaron a colarse en sus diseños, casi siempre creados en ropa ya usada. Para cuando rebautizaron Let it rock como Sex, la tienda donde se originó la estética punk, la pareja ya había vestido (siempre para crear polémica) a bandas como los New York Dolls y Chrissie Hynde, después vocalista de The Pretenders, atendía al público desde el mostrador.
Cuando Mclaren orquestó a los Sex Pistols, en 1975, Westwood ya había diseñado prendas para The Rocky Horro Picture Show y, lo que quizá sea más importante, vestido a esa juventud londinense que se reunía en los aledaños del Sho y que posteriormente tuvo su sitio en la historia: se hacñian llamar The Bromley Contigent y lo componían, entre otros, Siouxsie Sioux, Viv Albertine, Billy Idol o Sooo Catwoman. Westwood les vendía (o casi siempre regalaba) prendas completamente innovadoras; rotas, transparentes, desgastadas y repletas de artilugios que, hasta entonces, no se contemplaban como accesorio. De imperdibles a chapas de botellas, lo banal y , sobre todo, lo feo, comenzó a ser tenido en cuenta gracias ella. Por primera la vez la moda buscaba algo mucho más allá que el mero resaltar lo bello o favorecer a las mujeres según los cánones del momento. La moda, con Westwood, se convrtía en una herramienta mediante la que expresar la rabia y el sentimiento nihilista.
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