En México, la realidad del trabajo no remunerado continúa ejerciendo una presión desproporcionada sobre las mujeres, quienes asumen la mayor parte de la llamada “triple jornada”. Esta jornada, que incluye el trabajo formal e informal, el cuidado de personas y las labores domésticas, se refleja en un significativo compromiso horaria semanal por parte de las mujeres. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, las mujeres dedican, en promedio, un 12% más de horas a la semana que los hombres en estas actividades, lo que se traduce en una dedicación aproximada de 76.1 horas a la semana para alrededor de 13.2 millones de mujeres.
Por contraste, los hombres que participan en esta triple jornada, alrededor de 9.1 millones, invierten en promedio 67.6 horas semanales, lo que equivale a 8.5 horas menos que sus contrapartes femeninas, un tiempo que se asemeja a un día laboral completo. Este patrón señala una clara desigualdad en la distribución del trabajo de atención y cuidado, donde las mujeres, que frecuentemente se ocupan de estas tareas sin compensación económica, dedican 31.4 horas semanales al cuidado, en comparación con las 18.9 horas que los hombres asignan a la misma función.
La encuesta también destaca que en 2023, 18.5 millones de personas en México requerían cuidados, una leve reducción en comparación con el 2022. Este grupo está compuesto principalmente por niños y adultos mayores dependientes, evidenciando la creciente necesidad de un soporte adecuado en este ámbito. No obstante, el presupuesto público destinado a programas relacionados con el cuidado para 2025 es de solo 45,800 millones de pesos, equivalente a un escaso 0.1% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que refleja la limitación en el enfoque hacia este sector crítico.
Ante el contexto del envejecimiento de la población y la creciente carga de trabajo no remunerado que recae sobre las mujeres, se ha advertido de una inminente “crisis de cuidado”. Esta situación presenta un reto significativo para el bienestar de las mujeres, quienes a menudo ven comprometido su desarrollo profesional y su salud física y emocional, debido a la falta de mecanismos de apoyo efectivos.
Las proyecciones señalan que para el 2030, se espera que casi el 15% de la población sea de la tercera edad, aumentando a un 19% para el 2040. Para abordar estas necesidades, se ha planteado el desarrollo de un Sistema Nacional de Cuidados, que, según la presidenta Claudia Sheinbaum, está en marcha. Este sistema se centrará inicialmente en la atención infantil a través de Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI), con la intención de permitir que las jóvenes trabajadoras puedan equilibrar sus responsabilidades laborales y familiares.
Junto con este sistema, existen también programas de bienestar, como la Pensión para Adultos Mayores y la de Personas con Discapacidad, que, aunque son pasos en la dirección correcta, subrayan la necesidad de un enfoque más integral. Expertos como Carlos Brown, de Oxfam México, han enfatizado que el verdadero cambio no se limita a transferencias económicas, sino que debe incluir la adecuación de la infraestructura, la capacitación y la creación de servicios públicos eficaces para equilibrar la carga de cuidados, que tradicionalmente ha recaído sobre las mujeres.
La situación actual es un claro llamado a la acción, pues la falta de atención a esta problemática podría agravar la desigualdad de género y socavar las bases del bienestar social en el país. La transformación de este panorama requiere un compromiso colectivo para garantizar que los cuidados se conviertan en una responsabilidad compartida, más que en una carga exclusivamente femenina.
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