Cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una iniciativa de la Asamblea General de la ONU destinada a resaltar el crucial papel de las mujeres en la ciencia y la tecnología. Esta fecha no solo busca reconocer sus contribuciones, sino también promover el acceso equitativo a estos campos, un objetivo que es esencial en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.
La ONU, junto a la UNESCO y ONU Mujeres, lidera esta conmemoración a nivel mundial, recordando que la igualdad de género es más que un derecho humano; es un imperativo para aprovechar el potencial completo de la población.
En México, el escenario presenta tanto progresos como retos persistentes. De acuerdo con el informe “El papel de las mujeres en la ciencia y la tecnología en México 2025: en busca de la igualdad de género”, aún permanecen marcadas las brechas estructurales que limitan la participación femenina en el ámbito científico. Este estudio revela que las mujeres están subrepresentadas en las posiciones más elevadas del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, especialmente en disciplinas como ingenierías, física y matemáticas.
Una de las principales barreras identificadas es la falta de datos desagregados por sexo y género, lo que dificulta la evaluación de las políticas públicas en este ámbito. Además, se destacan las condiciones laborales y de corresponsabilidad, como la necesidad de sistemas de cuidado y flexibilidad laboral, como factores clave que afectan la permanencia de mujeres en la ciencia.
El informe también sugiere la integración de una perspectiva de género en las universidades y en la investigación y docencia, así como la importancia de generar informes periódicos sobre la situación de las mujeres en la ciencia, con el fin de avanzar hacia una igualdad sustantiva.
Otro aspecto relevante de esta conmemoración es la visibilidad de modelos a seguir. En el contexto mexicano, hay varias científicas que han alcanzado reconocimiento internacional. Entre ellas se encuentran la doctora Esperanza Martínez Romero, de la UNAM, premiada por su trabajo en bacterias benéficas para el crecimiento de plantas; la doctora Sandra Pascoe Ortiz, creadora de plásticos biodegradables; la doctora Eva Ramón Gallegos, pionera en terapias contra el VPH; y Carmen Victoria Félix Chaidez, ingeniera vinculada a la NASA. Sus trayectorias subrayan el impacto positivo de la participación femenina en la innovación, la salud y el medio ambiente.
Sin embargo, a nivel global, la ONU indica que, a pesar del aumento de mujeres en la educación superior, la brecha en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas sigue siendo significativa. Los prejuicios y estereotipos de género continúan alejando a niñas y jóvenes de estas áreas, un hecho que limita su desarrollo profesional y la diversidad en las soluciones científicas.
Por ello, el mensaje es claro: sin un mayor número de mujeres en la ciencia, el desarrollo tecnológico y social se seguirá diseñando desde una perspectiva limitada. Garantizar que las niñas tengan acceso a educación científica, mentoría y entornos libres de discriminación se convierte en un objetivo fundamental para construir un sistema de ciencia e innovación más justo, diverso y competitivo.
Esta conmemoración no solo celebra logros, sino que también señala una deuda con las nuevas generaciones. Invertir en su educación y empoderarlas es esencial para un futuro más inclusivo y equitativo en el ámbito científico y tecnológico.
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